Escritura creativa: ¿Qué es mejor? ¿El bien o el mal?

De acuerdo, puede que el título parezca más el de una película en vez del de una entrada sobre escritura creativa, pero créeme que tiene mucho que ver con el tema que nos compete hoy.

El “bien” y el “mal” son dos ideas abstractas que nacen y se basan en el pensamiento y en la percepción de cada uno de nosotros sobre la realidad que nos rodea. Sin entrar en cuestiones filosóficas, ni morales, dependiendo de lo que cada uno considere como bueno o malo, sus personajes o, más bien las acciones que estos lleven a cabo, terminarán  por catalogarse en una visión u otra. Así, siempre distinguiremos personajes buenos de los malos (categorías que no hay que confundir con las de protagonista o antagonista, aunque a veces coincidan), acciones buenas o malas y lo mismo ocurre con la ambientación.
La verdad es que no es correcta esta clasificación entre buenos y malos si estamos hablando de una buena obra ya que, es probable que no contenga personajes puramente buenos o malos y, si los hay, siempre estará justificado. De todos modos, como digo, es muy importante entender que depende de la percepción y del punto de vista del lector  que un personaje o sus acciones se consideren de un modo u otro.

Asimismo, hay que saber que, dependiendo del tipo de texto que estemos escribiendo, tendremos la posibilidad utilizar o no esta categorización tan básica. Por ejemplo, en un cuento o un relato, no es indispensable justificar los actos de los personajes y resulta perfectamente asumible que el propio narrador los denomine como buenos o malos. Además, recuerda lo que hablábamos en el post sobre la “ambientación de tu historia”. Una de las características de los cuentos o los relatos breves es que no profundizan en los personajes y no necesita trabajarlos demasiado porque, se fundamentan principalmente en la narración.
Si estamos hablando de una novela, el asunto cambia. Las novelas se caracterizan, entre otras cosas, por presentar personajes trabajados y completos, cuya personalidad va haciéndose patente a lo largo de toda la obra, siendo susceptible a cambios y giros. Por ello, hablar de personajes buenos o malos se convierte en un error, ya que aquí entra la concepción moral de cada lector.

Dicho esto y dejando aclarado este punto, para los propósitos de esta entrada y para abordar el eterno debate del bien y del mal, esta calificación nos sirve para contestar la siguiente pregunta:

¿Tienen los personajes “malvados” más éxito que aquellos que no lo son?

Si entendemos como personaje malvado aquellos que cometen atrocidades y crímenes sin justificación, la respuesta es no. Aquí radica la importancia de la larga introducción anterior.
Un personaje “malvado” que no tiene una motivación o razón para ser así  y que a su vez no posee unos objetivos marcados, es un personaje vacío, que no provocará más que el breve rechazo en el lector. Sin embargo, y desde hace varios siglos en la literatura de muchas culturas, aquellos personajes que muestran conflictos emocionales, se da a conocer sus historias o razones y enseñan una personalidad acorde a todo lo que han vivido, gozan de la simpatía del público. ¿Por qué? Por la identificación que sufre el lector con ellos. Todos tenemos conflictos interiores y todos hemos sufrido en mayor o menor medida las consecuencias de esto. Aquellos “malvados” que cumplan estas características, encontrarán en el público lector aliados.
Es indudable, que igual que simpatías, también causarán rechazos y, en realidad, esa es la gracia. Todo buen personaje tiene que cumplir ese requisito y así también debe ocurrir con los personajes “buenos”.

La respuesta a por qué actualmente se prefiere al personaje “malvado” está en el concepto del “antihéroe”, personaje cuyas características difieren en su mayoría de lo “moralmente aceptable”. Pero, ¡cuidado! pues un antihéroe no tiene por qué ser malvado y viceversa. Digamos que la chispa que enciende la curiosidad del lector y que puede derivar en gusto y admiración es aquella provocada cuando se unen las dos facetas, puesto que es algo que no es común ver, ni está aceptado y porque no hay nada más intrigante que saber qué es lo que pasa en la mente de un ser mezquino para actuar de esa manera.
De esta forma, podemos decir que no es “la maldad” lo que atrae a los lectores, sino la curiosidad por saber cómo funciona la mente de aquellos que se salen de la norma.

La afirmación de que gustan más los personajes con mal fondo, como verás, es incierta. Basta con que un personaje sin malas intenciones cumpla los anteriores requisitos y no le hará falta en absoluto cometer ningún crimen para que el lector pueda enamorarse de él.
Sin embargo, y a modo de consejo, te recomendaré hacer caso a lo que te he contado al principio y no basarte en que quieres personajes malos o buenos. El objetivo es diseñar personajes complejos con sus luces y sus sombras. Al fin y al cabo, el enfrentamiento entre el bien y el mal no es propio de las historias, sino del ser humano ya que es algo que se da en nosotros con frecuencia.

Si quieres que tus personajes triunfen, conviértelos en humanos y luego, a decisión personal, inclina su balanza hacia el lado de la luz o el de la oscuridad. No olvides, que el mayor enemigo de uno es él mismo. Sus buenas acciones o sus crímenes se darán dependiendo de la parte en la que se haya resuelto su conflicto interior.

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