WRITOBER 2020 / 13. MÚSICA

Jaime estaba harto del vecino de arriba. Hacía poco que se había mudado a aquel edificio y, desde que llegó, no había dejado de oír la característica melodía de una flauta. La música se oía durante todo el día y solo se detenía a la medianoche. Se preguntaba si quien vivía sobre su casa comería o iría al baño o se reservaba para hacer todo durante la madrugada. No era normal que seis horas después de que cesara el sonido, este regresara y se mantuviera constante durante toda la jornada.

Por ello, en una ocasión, comentó el tema con sus amigos y, envalentonados por las hormonas y preparados de gimnasio, decidieron darle un susto al vecino cansino. Como Jaime nunca lo había visto, determinó que el mejor momento sería justo antes de cuando acostumbraba a cesar el sonido.

Así, a las once y algo de la noche, los cinco amigos musculados forzaron la puerta y entraron con un pasamontañas en la cabeza. Nada más hacerlo, se sorprendieron al verse en una vivienda sin apenas muebles, y no tardaron en divisar a un hombre joven y delgaducho sentado en un sofá, en medio de un salón vacío, acompañado de un enorme perro negro tumbado a su lado.

Uno de los chicos cerró como pudo la puerta de la entrada mientras los otros se dirigían con intenciones de disuadir al hombre en su manía de tocar la flauta durante todo el día. Sin embargo, antes de poder alcanzarlo, el can se levantó y comenzó a escupir unos quejidos y ladridos grotescos que les helaron la sangre. A continuación, se retorció, como una persona encogida, y, poco a poco, se alzó sobre sus dos patas para dedicarles una mirada llena de ira y apetito.

—Qué bien, cariño, parece que hoy nos han traído la cena a domicilio y no tendremos que salir —comentó alegre el hombre, guardándose el instrumento.

Cuando Jaime le vio girar la cabeza hacia ellos con los ojos encendidos y los colmillos agrandados, comprendió que no tendría que soportar la música de la flauta nunca más.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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