WRITOBER 2020 / 17. TORRE

Los nuevos tiempos han conseguido que la gente ya no crea en fantasmas ni en duendes ni en brujas ni en demonios. Ni los jóvenes ni los no tan jóvenes hacen caso de las antiguas leyendas ni de los saberes populares que te advertían de lugares potencialmente malditos o convertidos en guaridas de siniestras criaturas. La verdad es que, en la era tecnológica, encontrarse con alguno de esos entes o sucesos paranormales valdría para conseguir popularidad, un tesoro efímero que, para muchos, vale más que el propio dinero. El ego de los humanos es inconmensurable.

Padre e hijo se aventuraron a explorar la torre de la abadía abandonada, a pesar de las advertencias de los pueblerinos.

«Muchos se han despeñado, y no por deseo propio».

Esos avisos lo único que conseguían era avivar la curiosidad de ambos. La lógica era simple: si todo el que había subido a la torre había visto espíritus y se había matado, ¿cómo se conocía la existencia de dichos espíritus si nadie había sobrevivido? Además, querían grabar un vídeo y mandarlo a ese programa de televisión tan famoso de sucesos paranormales y después subirlo a youtube. El niño quería ser youtuber y por algún lado había que empezar.

La noche cayó y ambos se adentraron en la abadía derruida, cruzaron las pasarelas salpicadas de piedras y llegaron a la torre, que se mantenía casi intacta. Subieron y subieron bromeando, fingiendo que veían fantasmas y riendo.

Al llegar a lo alto, se encontraron en una sala iluminada por la luz de las estrellas filtrada a través de los agujeros del techo. Empezaron a grabar.

El hombre explicaba lo que había allí, mientras el niño comenzó a tontear al lado de una de las ventanas.

—Mira, papá, ¡un fantasma me ha poseído! —bromeó.

El hombre se giró para mirarlo y tiró la cámara. A su lado, agachada, una figura negra acechaba a su hijo y, antes de que se diera cuenta, se levantó, lo agarró por la camisa y lo lanzó torre abajo.

Su padre se precipitó detrás de él, intentando salvarlo.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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