WRITOBER 2020 / 22. DOS CARAS

Todos tenemos dos caras; se comenta que una buena y otra menos amable, dos versiones de uno mismo. La criatura más cándida puede convertirse en una bestia implacable cuando se sobrepasa el límite de su fortaleza, e, incluso, los asesinos más perversos pueden mostrar ternura con unos pocos elegidos.

El problema viene cuando no sabes cuál de esas dos caras, de esas dos realidades, domina a un individuo. Si es pérfido, sabes a qué atenerte; si es noble, también. Pero ¿qué ocurre cuando ambas personalidades se solapan? No estamos hablando de que una se enfrente a la otra para sobresalir, sino que ambas coexistan en un bucle cambiante que puede escupir una u otra sin previo aviso. En ese caso, hablamos de locura.

Así pensaba la psiquiatra mientras observaba a la joven de suaves facciones sentada en el colchón, a través de un cristal. No había respondido bien a ningún tratamiento y podía desde comportarse de manera ejemplar, en algunas ocasiones, a mostrar instintos asesinos en otras. Aludía a que, en realidad, perdió su alma hace tiempo, pero ninguno de los dos entes que luchaban por ella había salido victorioso.

Llevaba así años.

La psiquiatra entró en la sala para otra sesión de control y la chica le regaló una sonrisa sincera. Parecía que hoy tendría suerte, que hablaría con su lado «bueno».

—¿Cuándo saldré de aquí, doctora?

—En cuanto logremos que controles tus cambios de humor, ya lo sabes.

La joven se quedó un segundo pensativa.

—¿Sabe? —dijo—. Por una vez, nos hemos puesto de acuerdo en algo.

—¿En qué?

—En que ya es hora de salir de aquí.

Dos voces que jamás había oído le hicieron levantar la mirada, pero un fuerte golpe en el pecho consiguió detener su corazón durante unos instantes. Cuando se recompuso, salió corriendo de allí, entró en el baño y se enjuagó el rostro.

Miró al espejo y contuvo la respiración. Ahora lo veía; dos caras, la suya y otra oscura y perversa que no conocía. Uno de los entes se había traspasado a ella. Eso o… ¿se habría vuelto loca?

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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