WRITOBER 2020 / 23. MALDICIÓN

No hay mal que cien años dure… Mentira, los hay; existen males muy persistentes, maldiciones que no se despegan de uno jamás. Y no, no son esas que se concentran en casas o lugares abandonados. Ni siquiera aquellas que se desatan por profanar ubicaciones sagradas. Tampoco las que te puede lanzar una gitana o alguien que no te quiera bien.

No.

Las peores vienen de tu propia familia.

Kayla nació con una enfermedad rara que le impedía moverse. Era la menor de cuatro hermanas, y mientras las tres mayores disfrutaban de sus vidas, ella se veía obligada a quedarse en casa, quieta, encerrada en un cuerpo sin la fuerza que poseía su mente.

Aunque no se desee, tal desgracia es la puerta de entrada de la envidia, de la más maliciosa de las envidias, esa que te carcome y te va pudriendo por dentro y por fuera hasta convertirte en algo diferente, hasta volverte un espectro.

Cuando sus hermanas se casaron, abandonaron la casa y tuvieron hijos, Kayla se quedó sola. La visitaban de vez en cuando, por obligación; así lo sentía. Con lo cual, su dolor se hizo más grande y profundo. Y cuando duele vivir, ¿qué importa el dolor de los demás?

Antes de su muerte, Kayla deseo la infelicidad de sus sobrinos, el sufrimiento de todos ellos.

A partir de entonces, no hay generación que no sufra las visitas de Kayla, el espíritu corrupto que se arrastra por el suelo, fluye por las paredes y acosa a los de su sangre. Puede que, de esa manera, sienta la libertad que no tuvo en vida, pues no para de moverse.

La mayoría han perdido la cabeza por verla. Han terminado en manicomios o quitándose la vida. Pero yo haré que esto termine. Me pregunto si un espectro puede consumir a otro. No lo sé, pero ahí está de nuevo, mirándome con su diabólica sonrisa. Lo que no espera es que no tendré descendencia y, cuando muera, aunque condene mi alma, regresaré a por ella. Y la maldición también se volverá suya.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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