WRITOBER 2020 / 26. VEJEZ

Cuando tan solo era una niña, la muerte de su perrito Poppy le generó tal dolor que pasaron años hasta que se recuperó y aprendió a vivir sin su presencia. La vejez alcanzó al animal, que había gozado de una vida larga y feliz desde que su madre lo encontrara en la calle. Sin embargo, lo que para la mayoría se aprende como «las leyes naturales», para ella se convirtió en un trauma profundo que la llevó a obsesionarse con no envejecer. No quería morir como Poppy, no deseaba debilitarse e irse apagando como una vela que va consumiendo el oxígeno. La vejez y la muerte eran crueles, las temía y las odiaba.

Pasó tiempo hasta dar con el modo de detener su reloj biológico, y tal vez por su obsesión con encontrar la manera de no verse vieja, se convirtió en una estudiante brillante. Tan brillante que, gracias a las becas y a lo mucho que sabía sobre historia, consiguió encontrar a una bruja, de las de verdad, no como su cuñada. Una mujer con siglos a sus espaldas, pero que se veía joven y vital. Así que, sin importarle las condiciones, si tenía que vender su alma al diablo o realizar cualquier pócima nauseabunda, le expuso su problema.

Pero fue mucho más fácil que eso. La bruja le preguntó si de verdad deseaba no envejecer nunca y no morir, y lo aseveró con tanta vehemencia que no hubo dudas de su deseo. De este modo, solo necesitó un poco de sangre de la palma de su mano para firmar un «contrato de vida eterna», a saber con qué entidad antinatural.

Paso el tiempo, y tal y como esperaba, no envejeció. Y lo que al principio le pareció el más maravilloso de los destinos se convirtió en su condena. Quienes llegaba a amar, morían; los años pasaban y se vio obligada a ocultarse, pues si la encontraban, no tardarían en experimentar con ella en busca de «la fuente de la juventud».

Entendió, entonces, cuan afortunado fue Poppy. Y la vejez y la muerte dejaron de parecerle tan horribles.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales. Ilustración de Evgeniya Egorova.

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