WRITOBER 2020 / 27. PRISIONERO

Llevaba cinco horas jugando y sus cifras eran de récord. Con sus auriculares LED y su potente ordenador a piezas, no existían idiotas que pudieran con él. Ninguno lo conseguía, no había nadie como él, por lo menos en ese juego de zombis y criaturas deformes que estaba tan de moda.

—¡A cenar! —Oyó que lo llamaban, y sintió una rabia tan grande que no pudo evitar gritar.

—¡Que ya voy, joder! ¡Cuando tenga hambre! ¡Pesada! ¡Come tú, gorda!

No era la primera vez, ni sería la última, que faltaba al respeto a su madre. Todos conocían sus brotes agresivos. Reacciones que, sin embargo, no tenía con desconocidos y otros chicos de la calle. Online sí, online tenía una reputación, en su mundo era alguien.

—Vaya mierda de bichos —espetó lanzando el ratón contra el colchón—. No hay ni uno difícil de matar. Hasta un niño rata podría ganarlos. Puta mierda de juego…

Esa noche cenó más furioso de lo normal. En su mente, determinaba la necesidad de comprarse una gráfica nueva, pero ya había robado la pulsera aquella tan cara de su abuela, y sobre la que, decían, caía una maldición, por ser una mujer muy celosa de sus pertenencias. La había vendido y con el dinero tenía el mejor monitor del mercado, así que tendría que aguantarse.

—Puto juego, puta pulsera, puta yaya.

Regresó a su habitación, pero algo allí había cambiado. En la oscuridad, su PC gaming brillaba con una luz fantasmagórica que no se correspondía con la LED de siempre. Lo tocó y todo se fundió a negro.

Despertó en un bosque, aún de noche. Hacía frío y, a su lado, vio unas bengalas y una pistola. Se preguntó qué cojones de broma era aquella, pero cuando oyó un sonido que bien conocía por su videojuego y se dio la vuelta, la sangre descendió hasta los pies. Prisionero en el juego, aquello solo podía ser una pesadilla. No importaba que llorara llamando a su madre; debía huir si no quería morir. O demostrar que esa mierda de bicho no era difícil de matar.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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