WRITOBER 2020 / 28. TESORO

Que el loco del pueblo tenía un misterioso tesoro oculto en el caserón, heredado de su familia, no era ningún secreto. Tampoco lo era que se trataba de un hombre impredecible y violento. Todos conocían el trágico final de Yeray, el chico más guapo de la pequeñísima localidad. Un día se propuso descubrir el tesoro del loco, se hizo pasar por su amigo durante mucho tiempo y, cuando el loco se percató, desapareció. Todos estaban seguros de que lo había matado, descuartizado y había enterrado sus restos en el jardín. A pesar de que la policía buscó, sin encontrar nada, todos creían firmemente que así había sido y así se forjó la leyenda del tesoro del loco.

Transcurrido mucho tiempo, con la casa abandonada, a punto de ser vendida por una inmobiliaria, dos agentes de la misma se paseaban con tranquilidad ultimando los detalles.

—¿Conoces la historia del tesoro del loco? —le preguntó uno al otro.

—Ni idea de lo que hablas.

—Sí, hombre…

Después de la explicación, mientras se fumaban un pitillo en el jardín, el primero propuso buscar la mencionada fortuna. «Anda que si vendemos la casa y se lo encuentra el nuevo inquilino…». Pero, aunque buscaron y rebuscaron por todas las habitaciones, no hallaron nada.

Salían de la biblioteca cuando, tras una de las estanterías de libros polvorientos, se percataron de un hueco extraño. Detrás, una puerta que no hizo falta forzar y unas escaleras que conducían a un sótano amplio. Tantearon a ciegas y, cuando se toparon con un candelabro, encendieron las velas.

Ambos se quedaron petrificados cuando la luz iluminó un ataúd en el que se leía el nombre de Yeray y, por las flores resecas y las notas a su alrededor, comprendieron cuál era, en realidad, el tesoro del loco. Que, quizá, no lo estuviera tanto. Quizá simplemente se enamoró, fue correspondido y la leyenda naciera de vivir en un pueblo incapaz de entender que el más atractivo de sus aldeanos amara a otro hombre. Ya se sabe, para algunos, hay verdades que es mejor que estén muertas.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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