WRITOBER 2020 / 31. MEDIANOCHE

Desde la experiencia nefasta que de niño tuvo en la casa de sus bisabuelos nunca había vuelto a ser el mismo. Ocurrió a media noche, saltándose la prohibición de acercarse al salón en el que se encontraba el tétrico reloj de pared que daba las horas con campanadas.

Aun años después recordaba lo que vio, el terror que pasó. Sentía que, desde ese momento, la vida le iba mal; la mala suerte lo acompañaba. ¿Que conseguía hacer amigos? Al poco le daban de lado sin decirle los motivos. ¿Que alguna chica se interesaba en él? Después de unos días desaparecía sin dejar rastro. ¿Que lo elegían para un trabajo? El dueño no regresaba y tenían que cerrar. Por no mencionar sus incursiones sonámbulas después de medianoche. Decidió, entonces, para redimirse de lo que hizo, formarse como sacerdote con la firme intención de regresar a la vieja casa y romper con su maldición.

A pesar de que en su seminario se dieron muchos casos de corrupción de menores, violencia y renuncios a la fe, consiguió terminar su preparación y, cuando lo hizo, regresó.

Ahora habitada, los nuevos ocupantes no habían tenido experiencias extrañas ni sentían nada malo en aquel lugar, ni siquiera en el salón donde continuaba el mismo reloj dando sus campanadas. Sin embargo, no pusieron impedimentos para que el cura realizara su labor, pues eran devotos y muy creyentes.

Él se acomodó frente al reloj, a solas, para esperar la medianoche. Al llegar esta y empezar a oír las campanadas se tensó, pero no fue hasta que terminó la última cuando vio aparecer por el umbral de la puerta a la misma figura que de niño le causó pavor. Un ser oscuro, de ojos brillantes, cuerpo alargado y que se tambaleaba sobre sus dos infinitas piernas. Un demonio.

Alzó la cruz, recitó sus oraciones, lanzó agua bendita, pero el ente seguía allí, impasible. Desesperado, gritó qué era lo que quería, y el espejo que en realidad había mirado todo este tiempo le devolvió su imagen alargada y grotesca. ¿Qué quería? Hacía años que lo había conseguido.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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