LITERARTOBER 2021/12. BOLA DE CRISTAL

Bola de Cristal

Hace tiempo, en un barrio muy concurrido de una ciudad al sur de España, una gitana se ganaba la vida adivinando la fortuna de los transeúntes con la quiromancia. Por supuesto, no poseía ningún don especial ni premonitorio, pero su mal carácter y la fama de las maldiciones gitanas eran suficientes para infundir el miedo en quienes se cruzaban con ella. Así, bajo la amenaza de un terrible mal de ojo, la mayoría pagaba para quitársela de encima.

Una tarde, después de una mañana fructífera gracias a que había comenzado la Universidad y las jovencitas resultaban una presa fácil para su astuto oficio, la gitana observó cómo, de buenas a primeras, abrieron un local de productos esotéricos en el que también se ofrecía ver el futuro. A partir de entonces, su trabajo se le complicó, pues ya fuera verdad o mentira, a quienes asaltaba para leerles la mano se excusaban con que ya lo habían hecho en ese lugar.

Rabiosa por lo que estaba sucediendo, no tuvo nada más que ver a la dueña, una mujer joven que no era gitana y de aspecto pacífico, para decidir darle un toque de atención.

Era temprano cuando entró en el local y, fingiendo una gran preocupación amorosa, pidió a la dueña que le hablara de su futuro. Esta, muy tranquila, le ofreció sentarse y en cuanto colocó sus manos sobre una hermosa bola de cristal, la gitana tuvo seguro que se trataba de una estafadora como ella. Por eso, sacando una navaja, se levantó de golpe y amenazó a la mujer con que se marchara de su barrio o el infortunio caería sobre ella por el mal de ojo que le echaría.

—Si yo fuera tú, no haría nada con esa bola —advirtió la dueña viendo las intenciones de la gitana.

Esta la ignoró y a gritos estampó la esfera contra el suelo. Desde ese día, no volvieron a ver a la gitana del barrio, aunque algunos afirman que creen escuchar su irritante voz pidiendo ayuda cuando la dueña de un local esotérico les lee el futuro con su bola de cristal.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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