LITERARTOBER 2021/17. JOYA

Joya

La joya más roja y brillante que existe perteneció a la mujer de un jefe de la mafia rusa. No se conoce su origen, pero se dice que la adquirió durante un viaje por los Cárpatos, comprándola, o más bien arrebatándosela, a un viejo mercader.

Se cuenta que la dueña de la piedra no era especialmente agraciada, lo que se traducía en los innumerables escarceos de su marido, sin embargo, cuando portaba la joya algo cambiaba. No es que se volviera hermosa de pronto, pero el intenso brillo rojizo de esa piedra la volvía atractiva, misteriosa; la convertía, a ojos de los demás, en una criatura sensual y deseable. Tanto era así que no tardó en imitar a su esposo y empezó a verse con muchos hombres, que quedaban prendados de ella hasta el punto de ofrecerle su sangre en lo más alto del fragor amoroso.

A partir de entonces, todo hombre que quisiera pasar la noche con la dueña de la joya lo hacía plenamente consciente de que esa sería la última. Todos, sin excepción, morían desangrados… pero bien merecía la pena.

Ella no se daba cuenta, pero lo que en un principio solo fueron encuentros apasionados y desenfrenados se tornaron, poco a poco, en una necesidad. Cuando no se hallaba en los brazos de ningún amante ni bañada por su sangre, se sentía vacía, fría; percibía sus huesos helados y sufría, porque no era consciente del tiempo. En cambio, su tesoro, su joya, se veía cada vez más preciosa, más roja, más brillante.

Los años pasaron y, cuando se percató de que todo moría a su alrededor, huyó, aunque siempre la encontraban y el ciclo volvía a repetirse. Intentó librarse de la joya, pero jamás pudo, era mucho más fuerte que ella, alimentada por la sangre de sus amantes. Así fue hasta que logró la paz en un castillo abandonado donde, gracias a las leyendas, no recibía visitas y podía esperar su desvanecimiento… Pero llegaste tú ignorando las advertencias y lo has estropeado todo. Esa maldita joya roja vuelve a brillar, y yo siento el calor de nuevo.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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