LITERARTOBER 2021/21. DESVÁN

Desván

Desde que eran unos niños, cada vez que visitaba a sus tíos, su primo siempre le asustaba con la misma canción.

«El monstruo del desván, el monstruo del desván… si miras donde no debes, te atrapará, te atrapará… y con tu piel se hará un disfraz».

La casa de sus tíos poseía un grandísimo desván, pero su primo, con su cancioncita dichosa, se encargaba muy bien de mantenerlo a raya. Nunca, jamás, dejó de cantar esa canción, hasta el punto de que consiguió que se quedara grabada en su memoria y de que él mismo la tarareara cuando caminaba por debajo de esa estancia.

Con los años, ambos desarrollaron una gran relación de amistad. Iban a la misma clase, compartían gustos, colegas, salían a los mismos lugares. Sentía verdadera devoción por su primo, pero, a pesar de la gran confianza que se tenían, seguía sin enseñarle el famoso desván. Él tampoco insistía, pero con la edad y la rebeldía empezó a desear ver la única habitación de la casa de sus tíos que jamás había visitado.

No dudó, entonces, para lograrlo, hacer una copia de las llaves de la vivienda, aprovechando que a veces se las dejaban cuando llegaban tarde de fiesta. Después, solo tuvo que ser paciente y esperar a que su primo le dijera que ese finde saldría a comer con sus padres.

Cuando llegó el día, se coló sin pensárselo en la casa, se dirigió al desván y, con cuidado, subió. Antes de llegar, oyó la famosa cancioncita, pero no en su mente. Su primo estaba allí dentro.

—Capullo —pensó—. Seguro que ahí es donde guarda todas las revistas guarras.

Abrió la puerta despacio y lo primero que le asaltó fue un olor muy desagradable. Luego, no supo reaccionar al ver bultos verdosos por todas las paredes, que supuraban un líquido nauseabundo. Pero menos lo hizo cuando, en vez de con su primo, se topó con una fea criatura antropomorfa que canturreaba mientras limpiaba un disfraz de piel humana. «Si miras donde no debes…», le oyó cantar mientras giraba la cabeza hacia él.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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