LITERARTOBER 2021/25. MAR

Mar

Nada que devuelva el mar es bueno. Esa máxima siempre se había dicho en su familia. Pescadores durante generaciones, conocían muy bien los entresijos del oficio y los caprichos del océano. Paloma se crio entre historias y leyendas del mar mientras tejía con otras mujeres las redes con las que los hombres faenarían, por lo que más que cuentos, para ella siempre fueron verdaderas enseñanzas.

La joven creció con el olor a sal perfumando su pelo, la humedad del mar bañando su piel y el sonido de las olas inundando sus oídos. Siempre fue feliz en ese mundo de peces y gaviotas, con ese horizonte azul que la cautivaba.

Con el tiempo, conoció a un joven pescador, se enamoraron y comenzaron una vida juntos. Paloma pensaba que no se podía ser más feliz, que la dicha bendecía su existencia en esa casita junto a la playa donde ambos se expresaban todo lo que se querían.

En cambio, el destino, en muchas ocasiones, es cambiante y cuando se aburre de ser generoso, muestra su lado más cruel. Así, un día con el mar en calma y proclive a la pesca, el barco del novio de Paloma y otros tantos pescadores fue sorprendido por una terrible tormenta que no dejó rastro de ellos.

Los servicios de búsqueda y salvamento se esforzaron en hallarlos. Primero, su deseo fue encontrar el barco; después, alguno de las pescadores con vida; luego, sus cadáveres para regresarlos a sus familias. Pero ninguna de sus acciones dio frutos, era como si el mar se los hubiera tragado.

Paloma, desolada, y a pesar de conocer la máxima de su familia, no dejaba de orar al mar, de pedirle que le devolviera a su novio. Dejó de creer en los peligros que durante años le contaron, para invertir todas sus fuerzas en desear un regreso imposible. Pero una negra madrugada de fría brisa, sus súplicas fueron escuchadas. Alguien llamó a la puerta de su casa y, cuando Paloma vio quién era por la mirilla, no dudó en abrir. Su novio estaba allí. Azulado y sediento, mas no de agua.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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