¡Feliz Navidad! 

Después de unos meses impredecibles en los que por falta de ilusión, principalmente, y de momentos infinitos de reflexión, a mediados de Diciembre regresó la chispa, como si de una llama pequeña y anunciadora, trajera con la Navidad nuevas esperanzas y refuerzo de energías. 

Así, poco a poco he ido retomando mi actividad, aunque estoy haciendo esperar un poco a la del blog para traer contenido de calidad para todos. Espero y creo que,  antes de fin de año, poder colocar un proyecto especial que espero que a todos los que amamos a los perros y los gatos les guste. 

¡Muy feliz Navidad a todos y que la llama de la ilusión os llegue al igual que esta pequeña elfa creada para hoy! 

¿Escribir fantasía o realidad?

La duda sobre si ser un escritor de literatura fantástica o realista nos ha surgido alguna vez a todos. En teoría, cada uno de nosotros debería conocerse lo suficiente para saber con exactitud cuál es la temática que le llena y cuál no y digo “llenar” porque, que te guste no es suficiente.
A una persona pueden gustarle los niños, pero tal vez el trabajo de profesor no le haga sentirse realizado y de ser así, jamás llegará a estar a gusto con lo que hace.
Con la escritura ocurre lo mismo.

Tal vez te guste mucho la ficción de terror y, sin embargo, cuando intentas escribir algo con esta temática, te das cuenta de que te cuesta mucho plasmar las ideas o recrear las escenas. Seguramente, consigas terminar alguna obra o escrito con esta temática, pero el resultado estará lejos de ser bueno.
No obstante, supón que eres una persona observadora a la que no se le escapa un detalle. Te gusta ver el comportamiento de la gente o te interesan los temas sociales  y al intentar escribir sobre ello, aprecias que las palabras salen fluidas y que no te supone ningún esfuerzo narrar lo que deseas contar. Al final, el resultado de lo que escribas te satisfacerá, ya que no solo te gusta la temática que has usado, sino que, además no te ha supuesto un gran esfuerzo hacerlo.

La realidad y la fantasía son dos nundos bien diferenciados, pero que, sin embargo, comparten muchos puntos en común.
Ambos temas necesitan un conocimiento sobre todos aquellos elementos que vayan a aparecer en las obras que gobiernan. No importa si tu historia tiene como protagonistas unas hadas o unas damas de la alta sociedad del SXVII, debes estructurar a la perfección el contexto para que sea verosímil (y recuerda que verosímil no es sinónimo de realista).

Asimismo, debes tener en cuenta que la aplicación de elementos fantásticos, colocan tu obra bajo la temática fantástica. No vale tratar el tema del acoso escolar y que todos los elementos sean realistas, que aparezca un ser protector o alguna cuestión sobrenatural y pretender catalogar nuestra obra bajo temática real.
En una ficción sin elementos fantásticos, las acciones y los personajes se desarrollan en un ambiente sin magia, ni fuerzas sobrenaturales. El devenir de la historia sucede por las decisiones del personaje y todo el contexto que le rodea. Algunos ejemplos de este tipo de obras son las policíacas, las de investigación, novela negra, novela social, novela histórica…

Las obras fantásticas incluyen todos aquellos elementos sobrenaturales que no hemos podido utilizar en las anteriores, incluyendo mundos creados por el autor con sus respectivos habitantes.  Es por esto por lo que el trabajo del escritor se multiplica, ya que el mundo que va a crear no es conocido y tiene que poner especial cuidado en escribir sobre aquel que va a ser dado a conocer de tal manera que al lector le parezca real. De la misma forma, si la historia se encuentra ambientada en la sociedad actual, han de tejerse las teorías, los motivos y los razones por los cuales estos elementos sobrenaturales aparecen y,  valga la redundancia, de esa manera, hacerlos parecer naturales.

Como verás, cada tema tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Al final, todo se resume en elegir aquel con el que te sientas más libre y a gusto a la hora de escribir. En la actualidad, si se trata de premios literarios, podemos observar que la literatura fantástica no está en su mejor momento. No obstante, un escritor no debería aspirar a hacerse millonario con sus obras, ya que el tinte comercial que las impregnará será rápidamente detectado y el producto final, carecerá de calidad, puesto que se deja atrás el cuidado y el gusto por escribir que todo buen escritor debería tener.

Mi recomendación es que escribas conforme a tu personalidad, gustos y posibilidades. El éxito, al fin y al cabo, se encuentra en el cariño y la dedicación que pongamos en aquello que hagamos y esto es independiente de la fantasía o la realidad.

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Gato negro 

Los humanos son seres incomprensibles. Se autodenominan como  la criatura más inteligente que puebla esta tierra pero,  si les observas detenidamente, pronto te das cuenta de que son contradictorios y extraños. Sé lo que digo,  pues años de observación desde las calles son los que han formado esta opinión en mi.

Nací en un jardincillo rodeado de edificios. Mi madre tuvo que pensar que sería el sitio más seguro, pero nada más lejos de la realidad o, bueno, tal vez sí para algunos de mis hermanos. El caso es que nací en otoño y, claro, los cambios de temperatura y de clima cumplieron con su particular trabajo de selección natural. Así, de ocho hermanos sobrevivimos cinco y fue a la edad de un mes cuando vi y conocí por primera vez a los humanos. Unas criaturas feas y deformes que caminan sobre sus patas traseras y cuyas delanteras usan, principalmente,  para sujetar y agarrar objetos y otros fines más dañinos.
La curiosidad es algo innato en nosotros, así que, cuando aparecían, sentíamos la necesidad de acercarnos para saber quiénes eran. Nuestra madre, por extraño que nos pareciera, nos alejaba todo lo posible de ellos. Los consideraba peligrosos y no permitía que ninguno de nosotros se acercara demasiado.
De esta manera, desde la verja que separaba el jardincillo del resto de la calle, ellos nos observaban. Venían a vernos tanto ejemplares adultos, como ejemplares cachorros (los cuales son sumamente ruidosos y, en mi opinión, los más peligrosos) y, como seres de naturaleza inquieta, algunos de mis hermanos pronto desobedecieron a nuestra madre y se saltaron la norma de no acercarse, sobre todo al ver que algunos nos lanzaban comida muy rica que nada tenía que ver con los saltamontes y lagartijas que cazábamos y la leche de nuestra madre. Por eso, cuando hacían aquello, pensábamos que qué criaturas tan agradables. Sin embargo, un día, una cachorra de esos humanos ( a las cuales ellos les llaman “niñas”), señaló a uno de mis hermanos mientras hablaba con el que debía de ser su padre. En concreto, ambos miraban muy atentos a mi hermano de color blanco con una mancha negra en la nariz y, antes de que nos diésemos cuenta, aquel humano enorme se adentró en el jardín, lanzó una manta sobre mi hermano y se lo llevó.

Esto volvió a repetirse una y otra vez con el resto de mis hermanos, hasta que solo quedamos mi madre y yo. Jamás volví a saber de ellos, aunque espero que la suerte les deparara un buen futuro en la medida de lo posible.
En definitiva, crecí solo y con mi sombra como única compañía, recorría las calles y me adentraba en los más recónditos rincones. Los humanos, cuando me los encontraba, no me miraban de manera amable como lo hicieron con mis hermanos (antes de raptarlos, por supuesto). Al contrario, me dirigían miradas despreciativas y asustadizas en algunos casos. Incluso, al pasar delante de ellos, algunos se giraban y me daban la espalda. Un comportamiento muy raro, la verdad. No fue hasta que me independicé y me alejé de mi madre cuando supe el motivo.

“Eres un gato negro y a los humanos no les gustan los gatos con ese color. Además, tienes los ojos amarillos y eso agrava tu situación. Ten mucho cuidado con ellos, pues la mayoría odian a los que son como tú. No me preguntes los motivos, ya que no los conozco, pero he sido testigo de capturas y maltratos por su parte a gatos parecidos a ti. Ten mucho cuidado y no te acerques mucho a ellos si quieres sobrevivir.”

Esas fueron las palabras de mi madre. A aquellos seres no les gustaba por el simple hecho de que el color de mi pelaje fuera negro y, además, tenía que tener cuidado porque, mi color de ojos empeoraba las cosas. Pronto, comprobé que sus palabras eran ciertas.
En un principio, intentaba mantenerme al margen de ellos y vivir lo más alejado posible. Entre otras cosas, porque además de lo dicho por mi madre, a esos humanos les gustaba compartir su vida con los perros, animales brutos, de enormes dientes y muchos tamaños. Unos auténticos sirvientes de esos humanos, pero que, cuando se quedan a solas, son capaces de perseguir y cazar a otras criaturas. En definitiva, tenía que compartir la ciudad con otro depredador como yo, solo que, en esta ocasión, él sí podía matarme (aunque yo tenga armas para defenderme).
Así fue como decidí vigilar desde las alturas y durante aquel tiempo aprendí muchas cosas. Algunos gatos, con los que me peleaba de vez en cuando por conservar mis territorios de caza, se dedicaban a maullar delante de las ventanas de los humanos. Algunos salían y les daban comida y otros les echaban de malas maneras, pero pronto se aprendían cuáles eran los hogares de los que eran “amables” y todos los días repetían el mismo procedimiento. Por esta razón, más motivos tenía para echarles de mi territorio. Ya me costaba lo mío cazar aunque fuera un insecto, para que otros que comían comida humana también quisieran apropiarse de lo poco que conseguía. Aunque, muchas veces me vi tentado a hacer lo mismo, las pocas veces que lo hice en aquella época, siempre era ignorado o expulsado de malas maneras. ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Era un gato negro y a los  humanos no les gustan.
Aun así, aprendí que algunos  humanos son tan odiosos y destructivos que son capaces de ir en contra de cualquier gato, sea cual fuera su color. Algunos amigos que conocí aparecieron muertos y otros enfermaron mucho por probar comida “regalada” por los humanos y, desde entonces, toda la comida que encontraba debajo de los coches (esos objetos que usan para moverse sin tener que utilizar las patas y que son tan calentitos y peligrosos a la vez), la inspeccionaba en busca de olores poco comunes y, si el olor que emitía no lo reconocía, no la probaba y, por supuesto, ni siquiera me acercaba a la arena blanca o amarilla que dejaban por las calles.

Muchos fueron los que cayeron a manos de estos mezquinos seres. Sin embargo, otros de mi especie vivían felices y engordando dentro de sus casas. Los miraba desde la ventana y al hacerlo, sentía vergüenza y a la vez envidia. Yo debía pasar frío, humedad, calores insoportables y largas temporadas de hambre y otros vivían sin preocuparse de nada de eso. Aunque, no cambiaba mi libertad por nada del mundo.
Un día, por casualidad, vi a una humana interactuar con un gato negro, como yo. Su lenguaje corporal no parecía hostil y mi congénere se mostraba tranquilo con ella. Era la primera vez que veía aquel comportamiento con alguien de mi mismo color y entonces, me entró curiosidad por investigar los motivos por los cuáles la mayoría de ellos nos odiaban. Al ser un gato joven y al haberme mantenido alejado de ellos, no comprendía muy bien su idioma pero, conocía a otros gatos viejos que sí lo hacían y que conocían sus costumbres, por lo que decidí investigar los motivos de ese odio irracional hacia el color negro y por qué otros humanos (los menos), no se comportaban igual.

Pasé los siguientes días con mis compañeros ancianos y lo primero que me aconsejaron fue aprender el lenguaje de los humanos. Con un poco de tiempo y mucha observación lo conseguiría y aunque no entendiera lo que decían por completo, comprendería lo suficiente para saber interpretarlos y conocer sus intenciones. De esta manera, descubrí que los humanos pensaban que cruzarse con un gato como yo les traería desgracias y por eso me daban la espalda. Los ancianos me comunicaron que esto se debía a que estos seres pensaban que algunas de sus congéneres con habilidades sobrenaturales, a las que llamaban brujas y tenían terror, podían convertirse en uno de nosotros. La cuestión de los ojos amarillos la averigüé más tarde, por desgracia, ya que un grupo de humanos jóvenes me persiguieron para intentar capturarme para ritos extraños para protegerse de un ente al que denominaban “demonio” y parece que lo que querían era poco menos que destriparme porque pensaban que esa criatura era yo. Según supe más tarde, algunos humanos piensan que los gatos negros con ojos amarillos son representación de ese tal demonio y como es algo negativo para ellos, los más me quieren muerto y los menos me idolatran. ¡Qué locos estos humanos!

Con el paso de los años aprendí a protegerme de todo esto, tanto de humanos, como de los perros y otros peligros de la calle. De lo que no pude protegerme fue de la enfermedad y en una ocasión caí muy enfermo. Tenía una tos terrible, un gran dolor en el pecho y ni ganas me daban de comer o moverme. Entonces, un humano de esos que llevan dos ventanas en sus ojos, se apiadió de mi. Desde hacía un tiempo hasta ese momento, había notado que el miedo a los gatos negros se estaba disipando, aunque algunos seguían dándome la espalda o escandalizándose cuando me veían y otros pocos me querían para esas fiestas a las que llaman Halloween.
Aquel humano llegó una mañana con una manta y me cogió en sus brazos. Una sensación rara, desconcertante, pero no desagradable y como no tenía fuerzas para resistirme, tampoco hice el intento. Después de eso, me llevó a un sitio horrible, lleno de luces blanquísimas y otro humano empezó a tocarme por todos lados para comenzar a pincharme. Ahí, sí reaccioné y le di dos buenos arañazos, para que aprendiera a guardar las distancias, pero el me tomo de la cabeza y me hizo tragar un líquido asqueroso y vomitivo. Tan malo estaba aquello, que no paraba de salivar intentando que aquel sabor se fuera rápido de la boca. Luego, me metieron en una especie de jaula, muy cómoda pero, atosigante y escuché a los humanos hablar. Lo hacían animadamente, contentos y como tenía muchísimo sueño, caí rendido.

Desperté en la casa del humano y a partir de ese momento, comenzó mi dulce tortura. Todos los días, el humano (que se llamaba Ángel), me obligaba a tragar el líquido asqueroso, pero a cambio, me dejaba ir de un lado a otro de la casa, comer una comida seca muy rara y otra blandita, buenísima. No sabía que eran, pero mi estómago se sentía contento y deje de pasar hambre. La tos y el dolor se pasó y poco a poco me fui acostumbrando al humano, aunque yo, como buen gato, necesito vigilar mis territorios, así que un día, en un descuido, me marché y cuando tengo hambre y sueño regreso al que ahora es mi hogar.
Al humano no le importa y a mi me importa menos que le importe, tenemos una buena relación, después de todo. Sé que hay otros gatos que no necesitan salir de sus hogares humanos y bueno, para gustos los colores. Yo nací y me crié libre y a mis casi cuatro años, nadie me va a convencer de quedarme eternamente en un sitio. He aprendido a convivir con mi entorno siendo un gato negro y lo llevo bien, aunque… Ando preocupado. Mis amigos cuentan que a muchos gatos en mi situación, les ocurre algo muy extraño. Hacen una visita al veterinario (ese humano desgraciado que no tiene respeto alguno y solo te da porquería para tomar y te pincha), se quedan dormidos y cuando despiertan en su casa, al poco tiempo ya no desean salir, ni buscar aventuras, ni gatas, ni nada. Solo vivir la vida tranquilamente.

He aprendido muchas cosas a lo largo de mi vida, aunque esta se me escapa. Espero que nunca me ocurra pero, por si acaso, dejo constancia de lo que ha sido mi vida hasta ahora desde mi jaula de transporte. Desgraciadamente, voy dirección al veterinario. Me conozco el olor del camino de sobra… Si me quedo dormido y despierto siendo otro, al menos, espero que mi experiencia sirva a otros gatos. Mi caso demuestra que se puede ser feliz con los humanos, aunque nunca hay que olvidar tener mucho cuidado con ellos, sobre todo si eres un gato negro.

“Gato negro” por Saclae

Encontrar la inspiración para crear 

A veces, la musa de la inspiración se hace tanto de rogar que no son pocas las ocasiones en las  que hemos creído perderla. Determinar cómo empezar un texto puede convertirse en una auténtica pesadilla si no tenemos claro sobre qué queremos escribir o cuando  debemos hacerlo por obligación, ya sea para el trabajo o para la escuela.
Sea cual fuere nuestra situación, nunca está de más conocer algunas técnicas  y consejos para conseguir “llamar” a la tal ansiada inspiración.
A continuación te dejaré los que a mi me ayudan en este objetivo que a veces se presenta tan cuesta arriba.  

  • En primer lugar, busca un lugar tranquilo donde poder escribir cómodamente,  sin tener distracciones que te impidan concentrarte en lo que estás haciendo. 
  • El silencio no es obligatorio. Si eres de ese tipo de personas a las que el silencio pone nerviosas o les irrita, no te preocupes. Existe mucha gente a la que le ocurre esto y para la cual, el  silencio no es sinónimo de concentración. Un buen truco es poner la tele con el volumen bajito, la radio o música. Incluso, es buena idea situarte en un lugar donde escuches el ambiente, como puede ser cerca de una ventana. 
  • La música constituye un gran instrumento inspiracional. Depende de aquello que escribas, una buena música de fondo puede ayudarte a desarrollar las ideas con más facilidad. Igual sucede cuando tienes que ponerte a escribir y no sabes cómo empezar. Por ejemplo: si quisieras comenzar un libro de aventuras, ¿por qué no pruebas a escuchar un poco de música épica antes? 
  • Lee otros blog y ve vídeos de youtube de gente a la que le gusta lo que hace. Busca referencias sobre bloggers, youtubers, etc, a los que les apasione escribir, hablar o enseñar aquello sobre lo que saben o sus preferencias. No importa si la temática no tiene nada que ver con aquello sobre lo que vas a escribir. Ya sea de cocina, manualidades, maquillaje, videojuegos…  El simple hecho de ver cómo alguien pone su tiempo y dedicación con algo, suele ser suficiente para servir de motivación al resto. 
  • Infórmate sobre aquello de lo que escribirás. Hazte con una libreta y apunta todas las ideas que lleguen a tu mente. Incluso lleva tu libreta contigo y detente para  describir lo que veas en tus salidas. Tal vez, más tarde, eso te ayude a organizarte y no titubear al escribir. 
  • Date un tiempo para ti. No te fuerces ni te estreses. Relájate. Si no eres capaz de seguir escribiendo o no sabes cómo empezar y nada te ayuda, para. Vete de la habitación en la que estés y  tómate algo. A veces, (si es posible), una pequeña siesta puede ayudar. Distráete un rato y regresa cuando no sientas esa presión por escribir. 
  • Ilusionate. Mantenerse ilusionado y motivado es el pilar fundamental de todo escritor. Alguien que ha perdido la ilusión, no será capaz de escribir porque, se verá desmotivado para hacerlo. Si no consigues plasmar un par de letras hoy, no te preocupes, ya lo harás mañana. Sé positivo y verás cómo se facilita enormemente tu labor. 

Buscar la inspiración o las ganas de escribir puede resultar complicado. No obstante, existen muchas maneras de combatir la sequía de ideas y cada uno tenemos nuestros propios métodos.
Estos son los que a mí me ayudan y pongo en práctica. ¿Y tú?  

¡Cosas de gatos! Regresando a la actividad

Han pasado dos semanas desde mi última publicación y, aunque el blog está dedicado a la ilustración, maquetación y a las letras, me debo a vosotros, lectores y por ello, en el apartado personal (donde hablo de todo un poco), os comento los motivos por los cuales he estado ausente este tiempo.
Muchas personas creen que “las cosas nunca salen como uno las planea” y  ¡qué razón tienen! Seguro que no soy la única que se ha organizado y, de pronto, como si de un toque de atención del destino se tratara, ocurre algo inesperado en tu vida que da al traste con esos planes. En mi caso, mi actividad se ha tenido que ver pausada por la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Poco después de haber presentado la organización del blog para Octubre, (mes en el que pensaba poner todo mi empeño, ya que la temática, como ya he comentado en otros posts, me encanta), mi hermana, que siempre había querido adoptar un gato, sentenció que era el momento y que estaba decidida a ello, por lo que me hizo contactar con un amigo que ya le había ofrecido buscarle un gatito en verano. Esto, amigos míos, es como una madeja de lana, que cuando tiras del hilo, comienza a deshacerse a una velocidad pasmosa. Así que, después de tomar la decisión, el 4 de Octubre nos encontramos con un gato en casa.

Se trata de un gatito atigrado naranja, que según el dueño tenía que tener 2 meses. A pesar de haber estado con sus hermanos en una casa, llegó un poco delgado y con mucho miedo, pero este pronto se le quitó y en seguida comenzó a comer y beber. A partir de aquí, mi hermana y yo, novatas en todo lo que a gatos se refiere, comenzamos las visitas al veterinario.
He de decir, que esto no supone una gran ocupación, además de que es algo que debe hacerse, pues ya se sabe, si quieres compartir tu vida con un animal, adquieres un compromiso y tu deber es cuidarlo. El trabajo llegó a la hora de introducir al nuevo gatete con la veterana de la casa, mi perra de ocho años, Zyra. Como supondréis, una perra que ha vivido sola durante 8 años, ya tiene bien establecidas sus normas y sus manías, así que la primera semana había que andar con mucho ojo para que no entrara a la habitación donde estaba el peque.
La segunda semana, comenzaron las presentaciones y parece que nuestro amigo gatuno no ha tenido que tener muy buenas experiencias con los animales. Esto y el carácter de la perra, hacían la situación un poco más difícil.
Sin embargo, con esfuerzo y vigilancia, cada vez se ven e interactúan más (eso sí, sin estar exentos de algún gruñido o bufido), pero bueno, deben poner sus límites y, como todo el mundo sabe, el roce hace el cariño.

Ahora, que ya nos organizamos mejor y que, dentro de los límites, no tenemos que estar tan pendientes, me es posible decir que ya puedo retomar mi actividad. Tendré que publicar en estos días lo que no he publicado en estas dos semanas pero, sé que lo conseguiré y tendremos un gran final de mes.

¡Os mando a todos un saludo y un abrazo!

Escritura creativa: ¿Qué es mejor? ¿El bien o el mal?

De acuerdo, puede que el título parezca más el de una película en vez del de una entrada sobre escritura creativa, pero créeme que tiene mucho que ver con el tema que nos compete hoy.

El “bien” y el “mal” son dos ideas abstractas que nacen y se basan en el pensamiento y en la percepción de cada uno de nosotros sobre la realidad que nos rodea. Sin entrar en cuestiones filosóficas, ni morales, dependiendo de lo que cada uno considere como bueno o malo, sus personajes o, más bien las acciones que estos lleven a cabo, terminarán  por catalogarse en una visión u otra. Así, siempre distinguiremos personajes buenos de los malos (categorías que no hay que confundir con las de protagonista o antagonista, aunque a veces coincidan), acciones buenas o malas y lo mismo ocurre con la ambientación.
La verdad es que no es correcta esta clasificación entre buenos y malos si estamos hablando de una buena obra ya que, es probable que no contenga personajes puramente buenos o malos y, si los hay, siempre estará justificado. De todos modos, como digo, es muy importante entender que depende de la percepción y del punto de vista del lector  que un personaje o sus acciones se consideren de un modo u otro.

Asimismo, hay que saber que, dependiendo del tipo de texto que estemos escribiendo, tendremos la posibilidad utilizar o no esta categorización tan básica. Por ejemplo, en un cuento o un relato, no es indispensable justificar los actos de los personajes y resulta perfectamente asumible que el propio narrador los denomine como buenos o malos. Además, recuerda lo que hablábamos en el post sobre la “ambientación de tu historia”. Una de las características de los cuentos o los relatos breves es que no profundizan en los personajes y no necesita trabajarlos demasiado porque, se fundamentan principalmente en la narración.
Si estamos hablando de una novela, el asunto cambia. Las novelas se caracterizan, entre otras cosas, por presentar personajes trabajados y completos, cuya personalidad va haciéndose patente a lo largo de toda la obra, siendo susceptible a cambios y giros. Por ello, hablar de personajes buenos o malos se convierte en un error, ya que aquí entra la concepción moral de cada lector.

Dicho esto y dejando aclarado este punto, para los propósitos de esta entrada y para abordar el eterno debate del bien y del mal, esta calificación nos sirve para contestar la siguiente pregunta:

¿Tienen los personajes “malvados” más éxito que aquellos que no lo son?

Si entendemos como personaje malvado aquellos que cometen atrocidades y crímenes sin justificación, la respuesta es no. Aquí radica la importancia de la larga introducción anterior.
Un personaje “malvado” que no tiene una motivación o razón para ser así  y que a su vez no posee unos objetivos marcados, es un personaje vacío, que no provocará más que el breve rechazo en el lector. Sin embargo, y desde hace varios siglos en la literatura de muchas culturas, aquellos personajes que muestran conflictos emocionales, se da a conocer sus historias o razones y enseñan una personalidad acorde a todo lo que han vivido, gozan de la simpatía del público. ¿Por qué? Por la identificación que sufre el lector con ellos. Todos tenemos conflictos interiores y todos hemos sufrido en mayor o menor medida las consecuencias de esto. Aquellos “malvados” que cumplan estas características, encontrarán en el público lector aliados.
Es indudable, que igual que simpatías, también causarán rechazos y, en realidad, esa es la gracia. Todo buen personaje tiene que cumplir ese requisito y así también debe ocurrir con los personajes “buenos”.

La respuesta a por qué actualmente se prefiere al personaje “malvado” está en el concepto del “antihéroe”, personaje cuyas características difieren en su mayoría de lo “moralmente aceptable”. Pero, ¡cuidado! pues un antihéroe no tiene por qué ser malvado y viceversa. Digamos que la chispa que enciende la curiosidad del lector y que puede derivar en gusto y admiración es aquella provocada cuando se unen las dos facetas, puesto que es algo que no es común ver, ni está aceptado y porque no hay nada más intrigante que saber qué es lo que pasa en la mente de un ser mezquino para actuar de esa manera.
De esta forma, podemos decir que no es “la maldad” lo que atrae a los lectores, sino la curiosidad por saber cómo funciona la mente de aquellos que se salen de la norma.

La afirmación de que gustan más los personajes con mal fondo, como verás, es incierta. Basta con que un personaje sin malas intenciones cumpla los anteriores requisitos y no le hará falta en absoluto cometer ningún crimen para que el lector pueda enamorarse de él.
Sin embargo, y a modo de consejo, te recomendaré hacer caso a lo que te he contado al principio y no basarte en que quieres personajes malos o buenos. El objetivo es diseñar personajes complejos con sus luces y sus sombras. Al fin y al cabo, el enfrentamiento entre el bien y el mal no es propio de las historias, sino del ser humano ya que es algo que se da en nosotros con frecuencia.

Si quieres que tus personajes triunfen, conviértelos en humanos y luego, a decisión personal, inclina su balanza hacia el lado de la luz o el de la oscuridad. No olvides, que el mayor enemigo de uno es él mismo. Sus buenas acciones o sus crímenes se darán dependiendo de la parte en la que se haya resuelto su conflicto interior.

Organización del blog para octubre

¡Hola a todos! Se acerca uno de mis meses favoritos, ya que llega el mercado cervantino a Alcalá y siempre he considerado a octubre como el mes de los mitos y las leyendas por la celebración de Halloween y de todos los santos. Por esta razón, la temática de los cuentos que escriba y de las ilustraciones será acorde a esta festividad de brujas, duendes y calabazas.

Durante estas semanas me he propuesto escribir los martes sobre algún tema de lengua o literatura, los jueves continuar con el cuentacuentos y los domingos abordar la escritura creativa. También tengo pensado escribir un breve artículo sobre el mercado, ya que es digno de visitar y resulta muy interesante ver cómo el centro histórico de Alcalá se transforma durante cinco días este año en una ciudad medieval.
Las ilustraciones pueden aparecer cualquier día de la semana y como llevan más tiempo que las publicaciones, ponerme una fecha sería algo complicado. Eso sí, lo que sí puedo afirmar es que tendremos varias a lo largo del mes.

¡Y ya está! No es una entrada muy larga, pero quería dejar constancia de los planes para este mes y así que no os pille por sorpresa la temática que iréis viendo por aquí. Os dejo una de las últimas ilustraciones que he realizado como despedida. Una que, además, creo que es bastante acertada para abrir todo lo que vendrá este mes. ¡Un abrazo a todos y nos leemos por aquí!

Windermina, la niña demonio de hielo

Crear un ambiente para tu relato.

Una vez que sabemos cómo diseñar nuestros personajes para nuestros relatos e historias, tenemos que trabajar el ambiente. Recordemos que una historia o relato se corresponde con una sucesión de hechos que les ocurren a unos personajes en un entorno determinado y que son contados por un narrador. De esta manera, como ya tenemos los personajes que queremos, seguramente, también hayamos pensado o tengamos una ligera idea del lugar en el que se desarrollarán sus aventuras (o desventuras).

Ambientar un relato no es tan sencillo como, en principio, pudiera parecer. Tampoco es complicado pero, requiere un poco de trabajo extra por parte del escritor. Debemos ser conscientes de que contextualizar correctamente el argumento de nuestra historia será una de las claves que nos lleven al éxito. Si recuerdas lo que hablamos en “Creación de personajes II”, para que un lector se implique con un personaje, o historia en este caso, tiene que sentirla verdadera, es decir, hay que conseguir que nuestro relato sea verosímil.
La definición que nos da la RAE sobre esta palabra, esclarece un poco más el objetivo que debemos marcarnos a la hora de crear nuestra historia:

Verosímil
1. adj.
Que tiene apariencia de verdadero.
2. adj.
Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.

Así pues, el contexto de un relato está compuesto por la época o tiempo en el que se desarrollan los hechos y el lugar (tiempo y espacio) y la sociedad del momento.

Existen varias maneras de crear el contexto ideal para tu historia, pero yo te daré los tres pasos más importantes: selección, información y descripción.

Lo primero y fundamental, antes de ponernos a escribir, es saber en qué época se desarrollaremos nuestro cuento, relato, novela, etc. No es lo mismo una novela de temática medieval que una con ambiente futurista. Por eso mismo, debemos tener bien claro cuándo queremos que se desarrolle nuestra historia, ya que los elementos que en ella aparezcan deben ser acordes a su época.
Indudablemente, si se trata de un relato fantástico de viajes en el tiempo o en el que haya una brecha entre dos mundos paralelos que conviven en aparente armonía (véase el caso de la saga de Harry Potter, en cuyas novelas conviven el mundo mágico con el cotidiano), se podrán integrar elementos de épocas distintas, siempre y cuando los relacionemos de manera adecuada en el argumento o su aparición tenga un sentido relevante para el mismo.
Es decir, que aparezca un coche porque sí, en un entorno grecolatino sin ninguna otra función, es incoherente, inverosímil y, (sobra decirlo pero, se han visto casos), demuestra una visión muy infantil del mundo que nos rodea. Este tipo de inclusiones son comunes en los niños cuando comienzan a aprender a expresar sus ideas, sin embargo, con la edad, vamos adquiriendo la capacidad de organizar estas ideas y de argumentarlas en un orden correcto y coherente. No sirve la excusa de estar escribiendo literatura infantil para permitirse ciertas licencias, en este aspecto. Los niños, al igual que los adultos, necesitan que el texto o aquello que se les está contando tenga coherencia para poderlo comprender y por ello, la buena literatura infantil lleva a rajatabla el desarrollo de una buena ambientación.

Entonces, una vez decidido el marco temporal, es muy, muy importante que leas o que investigues un poco sobre él y sobre la sociedad del momento. Primero, porque te vendrá bien conocer las costumbres de aquella época y eso te ayudará a ambientar y justificar las acciones y la personalidad de tu personaje. Segundo, existe vocabulario específico para describir todo aquello que forme parte de esa etapa. Aunque, la temática sea fantástica y te inventes novedosos nombres para nuevas realidades, siempre tiene que haber un hilo conductor que enlace la nueva realidad que estás creando con la ya existente. Así, los lectores percibirán tu historia como verdadera y se implicarán en ella.
Además, tendrás que informarte sobre los lugares que vas a utilizar en tu historia y por ello, te comenté que hacía falta un poco de trabajo extra por parte del escritor. Me explico: lee sobre todos aquellos sitios que creas que van a aparecer en tu relato. Un castillo, un bosque, una montaña, características de las ciudades… Parecerá una tontería pero, créeme, se nota mucho cuando un escritor no se esfuerza y escribe por escribir sin tener ni idea de cómo son los lugares que está describiendo. Lo mismo ocurre si el argumento no sale de una casa. Tendrás que conocer cómo se llaman los elementos que podemos encontrar en un domicilio para enriquecer la historia. Si no, ¿cómo esperas que tu relato no resulte infantil y poco trabajado?

Por último, después de haber seleccionado la época y los lugares y haber investigado sobre ellos y la sociedad de aquel entonces, queda la propia descripción de los mismos. Aquí hay varias posibilidades y tú y solo tú deberás decidir cuál es tu estilo y cuál es la forma que más te convence para realizarla.
Existen obras muy descriptivas y otras en las que la descripción no es tan relevante y se centran en la acción (narración). Para elegir si quieres extenderte más o menos en descripciones tienes que tener en cuenta lo siguiente:
Un relato muy descriptivo se enlentece mucho. La descripción se basa en la imagen, en lo estático, aquello que se puede ver o percibir. Por ello, cuando describimos, el relato se “detiene” para mostrar una realidad determinada. Con esto, conseguimos dar belleza al texto pero, corremos el riesgo de que el lector se aburra si nos extendemos demasiado.
Es cierto que grandes obras de nuestra literatura como La Regenta de Clarín utilizan esta técnica, en parte porque, en su época, era una de las características del movimiento realista y del naturalismo pero, al ajetreado lector de hoy en día es probable que esta fórmula de descripción excesiva no le convenza.

De todos modos, la falta de descripción empobrece mucho el texto. Por poner un ejemplo, un tipo de estos textos pueden ser los cuentos. Los cuentos, no se detienen mucho en descripciones porque buscan ser breves y concisos. La descripción siempre es necesaria  y aparecerá pero, de forma fugaz para dar luz a los aspectos más importantes. El peso, realmente, lo lleva la narración y por eso, en los cuentos, no vemos escenas detalladas ni personajes muy desarrollados. Aunque, tal y como estarás pensando, si cumplen con la coherencia de la que hemos hablado anteriormente.

Por todo esto y, dependiendo el tipo de escritor que seas (si te dedicas a los cuentos, al relato, a la novela, etc.), tendrás que decidir cuánta importancia das a la descripción en tus escritos. Particularmente, a mi me gusta equilibrar la narración y la descripción en mis textos, aunque he de reconocer que tengo debilidad por la descripción y suelo darle bastante importancia a la hora de detallar a los personajes.
Sea cual fuere tu caso y tu decisión sobre este respecto, no olvides que debes crear un contexto acorde a tu historia, aunque lo desarrolles mínimamente. Los detalles más importantes deben aparecer siempre. Selecciona el lugar y el tiempo adecuados, aprende sobre ellos y la sociedad  y trabaja la descripción de una manera que te convenza.

Estoy segura de que, si sigues los pasosy consejos que aparecen en esta entrada, no tendrás ningún problema a la hora de ambientar tus relatos.

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Ilustración: Céfiro, el alien (mitad y cuerpo completo)

No soy muy fanática del género alienígena, he de reconocerlo. Sin embargo, a la hora de ilustrar, siempre hay que explorar nuevas posibilidades, pues no sabes lo que te pedirán representar en un futuro y, basándome en un personaje alien de mi juego de Sims 3 (recordar que yo uso este juego para diseñar personajes), he realizado una nueva ilustración.

Como verás, no se trata de la ilustración de un ser monstruoso. Creo que resulta hasta tierno, en este caso. Lo más difícil llega cuando te toca elegir si colocar la ilustración de cuerpo completo o solo una parte de ella, pero como a mí me gusta mostrar todo lo que pueda, aquí os la dejo de dos maneras distintas.  ¡Saludos galácticos!


 

Redacción I. Primeros pasos: organización y estructuración de ideas.

Saber redactar bien, con coherencia y cohesión, resulta fundamental tanto para los escritores, como para los que no lo son. A lo largo de nuestra vida, nos veremos en la necesidad de expresarnos y comunicarnos mediante el discurso escrito. Ya sea por vocación o por cuestiones académicas o laborales, lo cierto es que vamos a tener que comunicarnos de esta manera y hacerlo de manera adecuada no solo nos ayudará a expresarnos mejor, sino que también dará una buena imagen de nosotros.
En la actualidad, gracias al auge de las redes sociales y la comunicación digital, escribir forma parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, redactar no significa esto, no significa “saber escribir”. Quien sabe escribir, es aquel que es capaz de enlazar letras para formar unas palabras que al ser leídas transmiten ideas o conceptos, pero no necesariamente mensajes. La redacción, por su parte, permite organizar y transmitir mensajes, lo que posibilita la comunicación mediante el discurso escrito.

Esta entrada se corresponde con la primera parte de una serie de publicaciones que iré subiendo al blog, cuya temática se basará en aprender a redactar y que podréis encontrar en la categoría de “El discurso”.  Iremos poco a poco, como siempre, no os preocupéis. Como en todo, es muy importante disponer de una base sobre la que trabajar e ir construyendo nuestros objetivos, así que hoy os presento los primeros pasos que debemos seguir para lograr una buena redacción.

Seamos sinceros, redactar bien un texto va más allá de saber colocar cuatro puntos y cinco comas en su lugar correspondiente. Una buena redacción debe favorecer el entendimiento de quien nos está leyendo porque, de no ser así, hazte esta pregunta ¿para qué estás escribiendo ese texto? ¿cuál es tu objetivo, entonces? Si quieres que los demás te lean, debes expresarte bien. De lo contrario, no se te entenderá, aburrirás y fallarás en aquello que pretendes conseguir. Ya sea que estés escribiendo un cuento, una novela, tu biografía, que tengas un blog o porque necesites redactar un informe para el trabajo o una presentación para el instituto o la universidad, la necesidad de hacerte entender siempre esta ahí. Un lector medio, poco habituado a sintaxis muy desarrollada y construcciones largas, se aburrirá fácilmente de un libro que contenga una redacción compleja. Por supuesto, en este caso, es el propio autor el que decide a qué público quiere dirigir sus obras. No obstante, si eres el dueño de un blog, una página web o te quieres dedicar a escribir un tipo de literatura más asequible para estos lectores, tienes que enfocarte más en la sencillez. Esto también ocurre cuando tratamos con textos no literarios, como los artículos, las noticias, los trabajos de investigación, las tesis… ¡Ojo! porque, sencillez no es sinónimo de descuidado ni de poco trabajado. Nuestro objetivo principal es exponer nuestras ideas o lo que queramos decir de manera clara y organizada (después ya vendrán los adornos si estamos ante un texto literario).

Así pues, lo primero que tenemos que hacer, antes de ponernos a escribir, es organizar nuestras ideas. El proceso es parecido tanto en textos literarios como en no literarios, pero las preguntas que debes hacerte son distintas. Por una parte, si vas a escribir en un blog, vas a realizar un trabajo académico o un escrito para el mundo laboral (como puede ser una carta de presentación),pregúntate sobre qué vas a hablar, qué aspectos importantes quieres tratar, cuáles mencionarás únicamente y cuáles desarrollarás y cómo vas a organizarlos. Por otro lado, si vas a comenzar un texto literario, ya sea dramático o narrativo, piensa en el argumento principal, dónde se desarrollará, en qué época, define un poco los personajes principales y decide cómo se organizará el argumento. Apunta estos datos en un cuaderno o libreta que siempre tengas a mano y en la que puedas hacer cambios siempre que lo necesites.Una vez hecho esto, toca organizar todas esas ideas y estructurarlas.

Tanto en los textos literarios, como los no literarios, se trabaja con diferentes tipos de estructuras. En este caso, te comentaré las más importantes y generales, ya que los tipos de texto con sus diferentes estructuras los trataremos en otro apartado. Por el momento, para aprender a redactar de manera correcta, fíjate en lo siguiente:
En los textos no literarios tienes la opción de comenzar tu texto mencionando la idea general, desarrollarla después con ideas más específicas y acabar con una conclusión. A este tipo de estructura le llamamos de “triángulo invertido” o estructura deductiva, ya que organizamos la información desde lo general a la particular. Si esta estructura la realizas al revés, es decir, que primero comiences desarrollando las ideas específicas para después terminar hablando de la idea general, se denomina estructura “en triángulo” o estructura inductiva, (de lo particular a lo general). Por último, conseguirás una estructura circular o encuadrada si comienzas el texto con la idea principal, desarrollas los puntos correspondientes  y terminas regresando a esa idea al final. Sea cual sea la que elijas, no te olvides de apuntarla en forma de esquema antes de ponerte a escribir. Te ayudará a ir desarrollando el tema de manera organizada y clara.
Lo mismo ocurre con los textos literarios, salvo que en este caso, tienes que decidir cómo se va a organizar el argumento. Es decir, si seguirá el orden de principio, nudo o desarrollo y desenlace (estructura lineal) o si será de otro modo, como puede ser comenzar por el desenlace (in extrema res) o en un punto intermedio de la historia (in media res).

Una vez que tienes el tema y los datos de aquello sobre lo que vas a escribir y la estructura en la que vas a organizarlo, solo te mencionaré algunos consejos importantes que tendrás que  cumplir a lo largo del texto (tranquilo porque, los iremos explicando con más detalle en las próximas publicaciones sobre redacción):

Para los trabajos académicos o textos enfocados al mundo laboral, utiliza oraciones sencillas y cortas (si no se te exige lo contrario). De esta manera, el lector no se perderá y seguirá interesado en lo que está leyendo.
En relación con lo anterior, ¡cuidado con las comas! Las comas son necesarias, sí, pero hay que saber utilizarlas y no ponerlas porque, se nos haga más bonito el texto. Ya te explicaré sobre ellas más adelante, pero, por el momento, ni te excedas ni carezcas de ellas.
Organiza la propia estructura que has escogido en párrafos. No machaques al lector con grandes concentraciones de texto que puedan agotarle, ni tampoco des a tu discurso un aspecto de esquema.
-¡La ortografía! No presentes faltas de ortografía o todo el trabajo que has puesto en organizar y estructurar tu texto se irá por la borda. No hay nada peor que leer un texto plagado de faltas de ortografía y carente de tildes. Si un lector detecta estos errores, desconfiará y dejará de leer lo que has escrito, por muy interesante que sea.
Utiliza marcadores discursivos para que la estructura de tu texto tenga cohesión. La idea es que tu discurso no quede como las instrucciones de un tamagotchi o el prospecto de un medicamento. El texto debe fluir y marcadores como “en primer lugar, asimismo, luego, además, al final, etc”, enriquecen y consiguen que el texto sea agradable a ojos del lector.

Por el momento, hemos acabado con los primeros pasos. No eran tantos ni tan difíciles, ¿verdad? Seguro que incluso ya los conocías. En las próximas entradas relacionadas con la redacción, ahondaremos más en los detalles y hablaremos sobre qué palabras tenemos que evitar y que empobrecen nuestro discurso, cuáles son los marcadores discursivos y cómo usarlos, etc. No olvides que tener una buena redacción ayuda a expresar todas las ideas que llevas dentro. Si lo haces bien, no existirá nadie que cuando te lea, no sea capaz de entenderte.

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