Organización del blog para octubre

¡Hola a todos! Se acerca uno de mis meses favoritos, ya que llega el mercado cervantino a Alcalá y siempre he considerado a octubre como el mes de los mitos y las leyendas por la celebración de Halloween y de todos los santos. Por esta razón, la temática de los cuentos que escriba y de las ilustraciones será acorde a esta festividad de brujas, duendes y calabazas.

Durante estas semanas me he propuesto escribir los martes sobre algún tema de lengua o literatura, los jueves continuar con el cuentacuentos y los domingos abordar la escritura creativa. También tengo pensado escribir un breve artículo sobre el mercado, ya que es digno de visitar y resulta muy interesante ver cómo el centro histórico de Alcalá se transforma durante cinco días este año en una ciudad medieval.
Las ilustraciones pueden aparecer cualquier día de la semana y como llevan más tiempo que las publicaciones, ponerme una fecha sería algo complicado. Eso sí, lo que sí puedo afirmar es que tendremos varias a lo largo del mes.

¡Y ya está! No es una entrada muy larga, pero quería dejar constancia de los planes para este mes y así que no os pille por sorpresa la temática que iréis viendo por aquí. Os dejo una de las últimas ilustraciones que he realizado como despedida. Una que, además, creo que es bastante acertada para abrir todo lo que vendrá este mes. ¡Un abrazo a todos y nos leemos por aquí!

Windermina, la niña demonio de hielo

Crear un ambiente para tu relato.

Una vez que sabemos cómo diseñar nuestros personajes para nuestros relatos e historias, tenemos que trabajar el ambiente. Recordemos que una historia o relato se corresponde con una sucesión de hechos que les ocurren a unos personajes en un entorno determinado y que son contados por un narrador. De esta manera, como ya tenemos los personajes que queremos, seguramente, también hayamos pensado o tengamos una ligera idea del lugar en el que se desarrollarán sus aventuras (o desventuras).

Ambientar un relato no es tan sencillo como, en principio, pudiera parecer. Tampoco es complicado pero, requiere un poco de trabajo extra por parte del escritor. Debemos ser conscientes de que contextualizar correctamente el argumento de nuestra historia será una de las claves que nos lleven al éxito. Si recuerdas lo que hablamos en “Creación de personajes II”, para que un lector se implique con un personaje, o historia en este caso, tiene que sentirla verdadera, es decir, hay que conseguir que nuestro relato sea verosímil.
La definición que nos da la RAE sobre esta palabra, esclarece un poco más el objetivo que debemos marcarnos a la hora de crear nuestra historia:

Verosímil
1. adj.
Que tiene apariencia de verdadero.
2. adj.
Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.

Así pues, el contexto de un relato está compuesto por la época o tiempo en el que se desarrollan los hechos y el lugar (tiempo y espacio) y la sociedad del momento.

Existen varias maneras de crear el contexto ideal para tu historia, pero yo te daré los tres pasos más importantes: selección, información y descripción.

Lo primero y fundamental, antes de ponernos a escribir, es saber en qué época se desarrollaremos nuestro cuento, relato, novela, etc. No es lo mismo una novela de temática medieval que una con ambiente futurista. Por eso mismo, debemos tener bien claro cuándo queremos que se desarrolle nuestra historia, ya que los elementos que en ella aparezcan deben ser acordes a su época.
Indudablemente, si se trata de un relato fantástico de viajes en el tiempo o en el que haya una brecha entre dos mundos paralelos que conviven en aparente armonía (véase el caso de la saga de Harry Potter, en cuyas novelas conviven el mundo mágico con el cotidiano), se podrán integrar elementos de épocas distintas, siempre y cuando los relacionemos de manera adecuada en el argumento o su aparición tenga un sentido relevante para el mismo.
Es decir, que aparezca un coche porque sí, en un entorno grecolatino sin ninguna otra función, es incoherente, inverosímil y, (sobra decirlo pero, se han visto casos), demuestra una visión muy infantil del mundo que nos rodea. Este tipo de inclusiones son comunes en los niños cuando comienzan a aprender a expresar sus ideas, sin embargo, con la edad, vamos adquiriendo la capacidad de organizar estas ideas y de argumentarlas en un orden correcto y coherente. No sirve la excusa de estar escribiendo literatura infantil para permitirse ciertas licencias, en este aspecto. Los niños, al igual que los adultos, necesitan que el texto o aquello que se les está contando tenga coherencia para poderlo comprender y por ello, la buena literatura infantil lleva a rajatabla el desarrollo de una buena ambientación.

Entonces, una vez decidido el marco temporal, es muy, muy importante que leas o que investigues un poco sobre él y sobre la sociedad del momento. Primero, porque te vendrá bien conocer las costumbres de aquella época y eso te ayudará a ambientar y justificar las acciones y la personalidad de tu personaje. Segundo, existe vocabulario específico para describir todo aquello que forme parte de esa etapa. Aunque, la temática sea fantástica y te inventes novedosos nombres para nuevas realidades, siempre tiene que haber un hilo conductor que enlace la nueva realidad que estás creando con la ya existente. Así, los lectores percibirán tu historia como verdadera y se implicarán en ella.
Además, tendrás que informarte sobre los lugares que vas a utilizar en tu historia y por ello, te comenté que hacía falta un poco de trabajo extra por parte del escritor. Me explico: lee sobre todos aquellos sitios que creas que van a aparecer en tu relato. Un castillo, un bosque, una montaña, características de las ciudades… Parecerá una tontería pero, créeme, se nota mucho cuando un escritor no se esfuerza y escribe por escribir sin tener ni idea de cómo son los lugares que está describiendo. Lo mismo ocurre si el argumento no sale de una casa. Tendrás que conocer cómo se llaman los elementos que podemos encontrar en un domicilio para enriquecer la historia. Si no, ¿cómo esperas que tu relato no resulte infantil y poco trabajado?

Por último, después de haber seleccionado la época y los lugares y haber investigado sobre ellos y la sociedad de aquel entonces, queda la propia descripción de los mismos. Aquí hay varias posibilidades y tú y solo tú deberás decidir cuál es tu estilo y cuál es la forma que más te convence para realizarla.
Existen obras muy descriptivas y otras en las que la descripción no es tan relevante y se centran en la acción (narración). Para elegir si quieres extenderte más o menos en descripciones tienes que tener en cuenta lo siguiente:
Un relato muy descriptivo se enlentece mucho. La descripción se basa en la imagen, en lo estático, aquello que se puede ver o percibir. Por ello, cuando describimos, el relato se “detiene” para mostrar una realidad determinada. Con esto, conseguimos dar belleza al texto pero, corremos el riesgo de que el lector se aburra si nos extendemos demasiado.
Es cierto que grandes obras de nuestra literatura como La Regenta de Clarín utilizan esta técnica, en parte porque, en su época, era una de las características del movimiento realista y del naturalismo pero, al ajetreado lector de hoy en día es probable que esta fórmula de descripción excesiva no le convenza.

De todos modos, la falta de descripción empobrece mucho el texto. Por poner un ejemplo, un tipo de estos textos pueden ser los cuentos. Los cuentos, no se detienen mucho en descripciones porque buscan ser breves y concisos. La descripción siempre es necesaria  y aparecerá pero, de forma fugaz para dar luz a los aspectos más importantes. El peso, realmente, lo lleva la narración y por eso, en los cuentos, no vemos escenas detalladas ni personajes muy desarrollados. Aunque, tal y como estarás pensando, si cumplen con la coherencia de la que hemos hablado anteriormente.

Por todo esto y, dependiendo el tipo de escritor que seas (si te dedicas a los cuentos, al relato, a la novela, etc.), tendrás que decidir cuánta importancia das a la descripción en tus escritos. Particularmente, a mi me gusta equilibrar la narración y la descripción en mis textos, aunque he de reconocer que tengo debilidad por la descripción y suelo darle bastante importancia a la hora de detallar a los personajes.
Sea cual fuere tu caso y tu decisión sobre este respecto, no olvides que debes crear un contexto acorde a tu historia, aunque lo desarrolles mínimamente. Los detalles más importantes deben aparecer siempre. Selecciona el lugar y el tiempo adecuados, aprende sobre ellos y la sociedad  y trabaja la descripción de una manera que te convenza.

Estoy segura de que, si sigues los pasosy consejos que aparecen en esta entrada, no tendrás ningún problema a la hora de ambientar tus relatos.

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Ilustración: Céfiro, el alien (mitad y cuerpo completo)

No soy muy fanática del género alienígena, he de reconocerlo. Sin embargo, a la hora de ilustrar, siempre hay que explorar nuevas posibilidades, pues no sabes lo que te pedirán representar en un futuro y, basándome en un personaje alien de mi juego de Sims 3 (recordar que yo uso este juego para diseñar personajes), he realizado una nueva ilustración.

Como verás, no se trata de la ilustración de un ser monstruoso. Creo que resulta hasta tierno, en este caso. Lo más difícil llega cuando te toca elegir si colocar la ilustración de cuerpo completo o solo una parte de ella, pero como a mí me gusta mostrar todo lo que pueda, aquí os la dejo de dos maneras distintas.  ¡Saludos galácticos!


 

Cuento: “Un amor de Otoño”

 

Rebeca se despertó aquella mañana de la misma forma en que lo hacía todos los días. Se estiró, frotó sus ojos, se retiró las legañas y se calzó. Miró la ventana y, aunque el cielo no había abandonado su capa de azul zafiro, intuyó que aquel día sería soleado.

Caminó hacia la cocina para prepararse el desayuno. El mismo desayuno de siempre: un café y dos tostadas. Después, con la energía de un zombi, se dirigió a su escritorio, encendió el ordenador y colocó el plato y la taza cerca de ella.

Todas las noches, antes de dormir, se juraba a sí misma que al día siguiente no se iba a amargar, que vería las cosas con más positividad. Todas las mañanas encendía el ordenador y los buenos propósitos de la noche se esfumaban como si solo se hubiera tratado de un bonito sueño de intenciones. La primera página web que visitaba, no era de noticias o de eventos, tampoco la página web de la universidad. Ni siquiera el buscador de Google. La primera visita siempre estaba dedicada a Facebook y allí era donde comenzaba su amargura. De todas las imágenes, de todas las publicaciones que aparecían, solo se fijaba en aquellas donde sus contactos presumían de lo que tenían o expresaban lo felices que eran y Rebeca se deprimía. Hacía años que había dejado su última relación y se sentía sola. No le ayudaba en nada ver fotos de parejas felices, pero una obsesión, casi enfermiza, le obligaba a hacerlo y así, se hundía cada vez más.
Rebeca nunca fue una chica que se caracterizara por poseer una grandiosa personalidad. Su mente viajaba como una veleta y pensaba todo aquello que la sociedad le impusiera. En el fondo, admiraba a todos aquellos que no necesitaban cánones establecidos y que vivían su vida como realmente querían. Aquellos que no necesitaban una pareja a su lado, a los que eran independientes, a los que eran felices con pocas cosas… Lo contrario a ella.

Aquel día, después de terminar su pequeña tortura matutina con Facebook, miró la hora para preparar sus cosas. Tenía que ir a la universidad y no quería que se le hiciera tarde. Cuando lo hizo, se percató de que ese mismo día comenzaba el otoño y se disgustó aún más.
“No me gusta el otoño” pensaba, “pronto el cielo se cubrirá y vendrán los días de lluvia, será un horror salir de casa y los árboles se quedarán sin sus hojas y las traeré pegadas en las botas. ¡Qué asco!”.
Rebeca no era capaz de ver una realidad que no fuera negativa. Todo le parecía mal. Salió a la calle sin abrigarse mucho pues, aunque aquel día era el primero del otoño, las temperaturas no eran muy bajas. Se dirigió a la universidad con paso firme, pero desanimado y no se percató del ligero cambio de color de las hojas, del olor a café de las cafeterías por la mañana, de las risas y los sonidos que producía la gente que trabajaba. Marchó a la universidad a pasar sus horas rutinarias.

Salió al medio día y rechazó quedarse un rato más con sus amigas. ¿Para qué? Hablarían de sus perfectas vidas y eso, a Rebeca, no le hacía gracia, así que caminó en dirección a su casa. No obstante, al llegar a una de las calles por las que pasaba siempre, observó que la acera se encontraba toda levantada por obras, así que no le quedó más remedio que dar la vuelta para cruzar por el parque.
Allí comprobó que no había mucha gente, aunque, realmente, le daba igual. Paseaba al lado del césped cuando, de pronto, escuchó un sonido agitado. Se detuvo en seco por el susto y miró a todos lados, pero no vio quién podía ser el culpable. “Será un pájaro” se dijo y siguió caminando. No había dado tres pasos cuando volvió a oír aquel sonido y, entonces, a un lado del cesped, vio un montón de hojas moverse. Al poco, de las hojas emergió un cachorrillo de color marrón y manchas canela que jugueteaba y se quejaba de vez en cuando. Rebeca miró a su al rededor en busca del dueño de aquel perrillo, pero allí con ella no había nadie. Curiosa, miró con detenimiento al cachorro y comprobó que no llevaba ni collar ni una placa que lo identificara. Pensando en que podía haberse escapado, hizo un amago por cogerlo en brazos y, para su sorpresa, el perrito se dejó.
La sensación era extraña, era como tener un peluche caliente que se movía de vez en cuando entre los brazos. Preguntó a las pocas personas que había en el parque para saber si el perro era suyo y todas lo negaron.

¿Y ahora, qué iba a hacer? Su conciencia no le permitía dejar al cachorro allí solo. Pensó en llevarlo a un veterinario, pero no tenía la certeza de que se lo fueran a quedar o lo llevaran a un centro de adopción y cuando pensó en este centro, sintió tal lástima que decidió llevarse al perrito a su casa y poner un anuncio por internet para ver si aparecía el dueño.
A partir de entonces, la vida de Rebeca cambió por completo. El dueño no apareció y el perrito demandaba toda su atención. Había que alimentarle, sacarle a pasear y jugar con él. Poco a poco se encariñó tanto con el animalito, que decidió quedárselo. Le puso de nombre Coockie porque, le recordaba a una galleta y pronto formalizó todas sus vacunas y pidió al veterinario que le colocara el chip identificativo.

Coockie ahora era su familia y la vida de Rebeca cambió por completo de color. Ya no podía visitar su facebook nada más levantarse, ahora tenía que pasear a Coockie. Ya no desayunaba sola, lo hacía con él. Ya no le importaba la vida de los demás, la que realmente le apasionaba en aquel momento era la suya.
Ahora, mientras paseaba con Coockie, se fijaba en las hojas, en cómo cambiaban de color. Percibía el olor a café por las mañanas, escuchaba a la gente y las hojitas que quedaban pegadas en sus botas, ahora se habían cambiado por el barro y la hierba de los parques, pero ya no sentía asco. Otras personas con perro se le acercaban y sin saber cómo ni por qué, pronto entablaban una conversación. La vida dejó de ser gris para volverse dorada, como las hojas del otoño.

Rebeca comprendió que el amor no está relacionado únicamente con una pareja. El amor se encuentra en todas partes, sobre todo en uno mismo y, cuando encuentras algo que realmente te apasiona y que mueve tus ilusiones, como los ojos marrones de Coockie, el amor se ve reflejado en ello. Las lluvias del otoño barrieron las marcas de la sociedad en la vida de Rebeca y le dieron fuerzas y energía para sonreír tanto, que hasta sus amigas quedaban eclipsadas con su sonrisa. Cuando le preguntaban que había pasado para que estuviera tan feliz, ella únicamente decía “un amor de otoño, amigas mías”.

Redacción I. Primeros pasos: organización y estructuración de ideas.

Saber redactar bien, con coherencia y cohesión, resulta fundamental tanto para los escritores, como para los que no lo son. A lo largo de nuestra vida, nos veremos en la necesidad de expresarnos y comunicarnos mediante el discurso escrito. Ya sea por vocación o por cuestiones académicas o laborales, lo cierto es que vamos a tener que comunicarnos de esta manera y hacerlo de manera adecuada no solo nos ayudará a expresarnos mejor, sino que también dará una buena imagen de nosotros.
En la actualidad, gracias al auge de las redes sociales y la comunicación digital, escribir forma parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, redactar no significa esto, no significa “saber escribir”. Quien sabe escribir, es aquel que es capaz de enlazar letras para formar unas palabras que al ser leídas transmiten ideas o conceptos, pero no necesariamente mensajes. La redacción, por su parte, permite organizar y transmitir mensajes, lo que posibilita la comunicación mediante el discurso escrito.

Esta entrada se corresponde con la primera parte de una serie de publicaciones que iré subiendo al blog, cuya temática se basará en aprender a redactar y que podréis encontrar en la categoría de “El discurso”.  Iremos poco a poco, como siempre, no os preocupéis. Como en todo, es muy importante disponer de una base sobre la que trabajar e ir construyendo nuestros objetivos, así que hoy os presento los primeros pasos que debemos seguir para lograr una buena redacción.

Seamos sinceros, redactar bien un texto va más allá de saber colocar cuatro puntos y cinco comas en su lugar correspondiente. Una buena redacción debe favorecer el entendimiento de quien nos está leyendo porque, de no ser así, hazte esta pregunta ¿para qué estás escribiendo ese texto? ¿cuál es tu objetivo, entonces? Si quieres que los demás te lean, debes expresarte bien. De lo contrario, no se te entenderá, aburrirás y fallarás en aquello que pretendes conseguir. Ya sea que estés escribiendo un cuento, una novela, tu biografía, que tengas un blog o porque necesites redactar un informe para el trabajo o una presentación para el instituto o la universidad, la necesidad de hacerte entender siempre esta ahí. Un lector medio, poco habituado a sintaxis muy desarrollada y construcciones largas, se aburrirá fácilmente de un libro que contenga una redacción compleja. Por supuesto, en este caso, es el propio autor el que decide a qué público quiere dirigir sus obras. No obstante, si eres el dueño de un blog, una página web o te quieres dedicar a escribir un tipo de literatura más asequible para estos lectores, tienes que enfocarte más en la sencillez. Esto también ocurre cuando tratamos con textos no literarios, como los artículos, las noticias, los trabajos de investigación, las tesis… ¡Ojo! porque, sencillez no es sinónimo de descuidado ni de poco trabajado. Nuestro objetivo principal es exponer nuestras ideas o lo que queramos decir de manera clara y organizada (después ya vendrán los adornos si estamos ante un texto literario).

Así pues, lo primero que tenemos que hacer, antes de ponernos a escribir, es organizar nuestras ideas. El proceso es parecido tanto en textos literarios como en no literarios, pero las preguntas que debes hacerte son distintas. Por una parte, si vas a escribir en un blog, vas a realizar un trabajo académico o un escrito para el mundo laboral (como puede ser una carta de presentación),pregúntate sobre qué vas a hablar, qué aspectos importantes quieres tratar, cuáles mencionarás únicamente y cuáles desarrollarás y cómo vas a organizarlos. Por otro lado, si vas a comenzar un texto literario, ya sea dramático o narrativo, piensa en el argumento principal, dónde se desarrollará, en qué época, define un poco los personajes principales y decide cómo se organizará el argumento. Apunta estos datos en un cuaderno o libreta que siempre tengas a mano y en la que puedas hacer cambios siempre que lo necesites.Una vez hecho esto, toca organizar todas esas ideas y estructurarlas.

Tanto en los textos literarios, como los no literarios, se trabaja con diferentes tipos de estructuras. En este caso, te comentaré las más importantes y generales, ya que los tipos de texto con sus diferentes estructuras los trataremos en otro apartado. Por el momento, para aprender a redactar de manera correcta, fíjate en lo siguiente:
En los textos no literarios tienes la opción de comenzar tu texto mencionando la idea general, desarrollarla después con ideas más específicas y acabar con una conclusión. A este tipo de estructura le llamamos de “triángulo invertido” o estructura deductiva, ya que organizamos la información desde lo general a la particular. Si esta estructura la realizas al revés, es decir, que primero comiences desarrollando las ideas específicas para después terminar hablando de la idea general, se denomina estructura “en triángulo” o estructura inductiva, (de lo particular a lo general). Por último, conseguirás una estructura circular o encuadrada si comienzas el texto con la idea principal, desarrollas los puntos correspondientes  y terminas regresando a esa idea al final. Sea cual sea la que elijas, no te olvides de apuntarla en forma de esquema antes de ponerte a escribir. Te ayudará a ir desarrollando el tema de manera organizada y clara.
Lo mismo ocurre con los textos literarios, salvo que en este caso, tienes que decidir cómo se va a organizar el argumento. Es decir, si seguirá el orden de principio, nudo o desarrollo y desenlace (estructura lineal) o si será de otro modo, como puede ser comenzar por el desenlace (in extrema res) o en un punto intermedio de la historia (in media res).

Una vez que tienes el tema y los datos de aquello sobre lo que vas a escribir y la estructura en la que vas a organizarlo, solo te mencionaré algunos consejos importantes que tendrás que  cumplir a lo largo del texto (tranquilo porque, los iremos explicando con más detalle en las próximas publicaciones sobre redacción):

Para los trabajos académicos o textos enfocados al mundo laboral, utiliza oraciones sencillas y cortas (si no se te exige lo contrario). De esta manera, el lector no se perderá y seguirá interesado en lo que está leyendo.
En relación con lo anterior, ¡cuidado con las comas! Las comas son necesarias, sí, pero hay que saber utilizarlas y no ponerlas porque, se nos haga más bonito el texto. Ya te explicaré sobre ellas más adelante, pero, por el momento, ni te excedas ni carezcas de ellas.
Organiza la propia estructura que has escogido en párrafos. No machaques al lector con grandes concentraciones de texto que puedan agotarle, ni tampoco des a tu discurso un aspecto de esquema.
-¡La ortografía! No presentes faltas de ortografía o todo el trabajo que has puesto en organizar y estructurar tu texto se irá por la borda. No hay nada peor que leer un texto plagado de faltas de ortografía y carente de tildes. Si un lector detecta estos errores, desconfiará y dejará de leer lo que has escrito, por muy interesante que sea.
Utiliza marcadores discursivos para que la estructura de tu texto tenga cohesión. La idea es que tu discurso no quede como las instrucciones de un tamagotchi o el prospecto de un medicamento. El texto debe fluir y marcadores como “en primer lugar, asimismo, luego, además, al final, etc”, enriquecen y consiguen que el texto sea agradable a ojos del lector.

Por el momento, hemos acabado con los primeros pasos. No eran tantos ni tan difíciles, ¿verdad? Seguro que incluso ya los conocías. En las próximas entradas relacionadas con la redacción, ahondaremos más en los detalles y hablaremos sobre qué palabras tenemos que evitar y que empobrecen nuestro discurso, cuáles son los marcadores discursivos y cómo usarlos, etc. No olvides que tener una buena redacción ayuda a expresar todas las ideas que llevas dentro. Si lo haces bien, no existirá nadie que cuando te lea, no sea capaz de entenderte.

¿Quién teme al lobo? Poesía e ilustración

¿Quién teme al lobo? Aullidos de madrugada.
¿Quién teme al lobo? Noches con luna de plata.

Augurios que recuerdan historias de hombres
que juntos viajaban sin separar los pesados huesos
para evitar sin remedio el terror de sus noches.

Brillos fugaces de los destellos de Selene
de la piel iluminan el vello creciente.
Y el café de los ojos se tiñe de sangre.
Y el alma clama con rugidos de hambre.

Cuentan que no existe salvación para ellas,
almas endemoniadas, caminantes de la selva.
Dejaron las manos, convertidas ahora en pies.
Curvatura de la espalda del hombre que ya no lo es.

Sirvientes de la diosa de tez redonda y pálida,
orgullosa observa su séquito maldito.
Grita, corre, cae… Solo necesito un mordisco.

Se perdió el hombre, no regresó la mujer.
La niña y su vestido acaban de desaparecer.
¿Murieron? ¿Quién sabe? Ni su calavera apareció.
Únicamente las huellas de una bestia feroz.

¿Quién teme al lobo? Aullidos de madrugada.
¿Quién teme al lobo? Noches con luna de plata.

 

¿Quién teme al lobo? por Saclae


Ilustración: Ulric, el hombre lobo verde.

 

Creación de personajes II. El interior de tu personaje.

Hace unas semanas, comenzábamos la sección de Creación de personajes con lo más básico, esto es, definir a nuestro personaje. Si estás leyendo esta entrada y no viste la anterior, puedes ir aquí y echarle un vistazo.
Hoy, regreso para continuar con estos pequeños consejos que te ayudarán a crear y desarrollar tus propios personajes. Estoy segura de que en estas semanas te habrá dado tiempo de sobra a pensar y definir algunos o a redefinir otros. El siguiente paso supone un poco más de esfuerzo por nuestra parte, ya que vamos a adentrarnos en el mundo interior de nuestra creación para relacionarlo con la “superficie” en la que ya habíamos trabajado.

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Recordarás, que en el post o entrada anterior contestamos las preguntas sobre quién era nuestro personaje y cómo era en cuanto al plano físico, es decir, tratamos su prosopografía.  Ahora, nos toca completar el retrato de nuestra creación y para ello, tenemos que trabajar su plano psicológico. En este punto, ya deberíamos tener claro qué es lo que queremos del personaje, cómo queremos que sea y qué esperamos que le suceda para ello.

He aquí uno de esos manuales, en el que, por cierto, se ve la huella del paso del tiempo y del uso en mis años de carrera.

Existen varias obras sobre teoría literaria que puedes consultar para interiorizar conceptos o aprender nuevas técnicas con las que lograr tus objetivos. Las obras sobre esta temática son tan diversas como autores que se dedican a esta disciplina y, como ya expresamos anteriormente en la otra entrada, no están exentas de terminología que puede resultar complicada de entender para un lector no habituado al ámbito de la filología. Así pues, con una pequeña búsqueda por google, te aparecerán distintos manuales de teoría literaria en los que se te hablará de actantes (personajes), teorías de los mismos (como la teoría de los 6 actantes, por la cual se clasifica a los personajes mediante principios lingüísticos) y un largo etcétera. Considero muy importante mencionarte esto último, por si quieres adentrarte en este ámbito y te gusta la filología. Sin embargo, en este blog pretendo que las explicaciones sean más sencillas y asequibles para todos por lo que, bajo mi punto de vista personal y mi experiencia, te contaré lo que me ha funcionado, me funciona y sigue funcionándome cuando desarrollo la personalidad de un personaje. (Por supuesto, tú puedes tener tus propias ideas o utilizar los conceptos y explicaciones de diferentes autores, dependiendo de tus gustos).

En esta entrada vamos a enfocarnos en el aspecto literario, puesto que el dibujo o la ilustración funcionan de manera distinta. Un personaje ilustrado puede quedarse en el primer paso del proceso de creación, puesto que es posible que no necesite una historia detrás. No obstante, si se trata de una historia ilustrada, el dibujo debe acompañar a las letras y aquí debería tratarse el mismo proceso descrito debajo. Cómo verás, existen varias posibilidades que hay que tratar por separado, así que, por el momento, trataremos la creación del interior de nuestra “criatura” mediante la escritura.

“¿Cómo debe ser un buen personaje?” Seguro que esta pregunta te la has hecho infinidad de veces y la verdad, es que no hay una única respuesta para ella, ya que la clasificación de buen o mal personaje no es correcta y la pregunta, en sí, no esta bien formulada. Deberíamos cuestionarnos, más bien, cómo desarrollar de manera satisfactoria un personaje y qué necesitamos para ello. Por internet encontrarás muchas maneras y técnicas de hacerlo, pero créeme, existen tres apartados que, si los trabajas bien, lograrán que tu personaje esté desarrollado por completo: motivos, contexto y objetivos.

La personalidad es un término complejo que designa la manera de ser, sentir y actuar de los seres vivos. Mucho más desarrollada y compleja en los seres humanos, algunos psicólogos y filósofos creen que ya viene determinada desde nuestro nacimiento y otros piensan que vamos adquiriéndola con la edad y las experiencias que vivimos. Sea como fuere en realidad, nuestro objetivo como escritores es diseñar la personalidad de nuestros personajes y estemos de acuerdo con unas teorías u otras, el proceso debe ser siempre paulatino y constante durante la obra. Se dice que un personaje llegará más a un lector cuánto más verosímil lo sienta. Esto significa que los lectores deben sentirse identificados de una manera u otra con los personajes. No quiere decir que, por ejemplo, todos los lectores deban sentir que el personaje sanguinario y cruel de una obra es igual que ellos (hecho que sería bastante perturbador, si lo pensamos bien…), sino que en su personalidad hay detalles que le recuerdan a personas que han conocido, visto en la televisión, internet o de las cuales conocen su historia. Es decir, que nuestro personaje debe actuar empujado por una serie de razones o motivos que le hagan ser visto como una criatura viva y por los cuales, el lector sienta que es el propio personaje el que decide cómo, por qué y cuándo actuar y no su creador.
Así pues, siempre existen unos motivos por los cuáles se dan diferentes tipos de personalidades. El crear un personaje heróico que es bondadoso de nacimiento está muy bien, sin embargo, hacer creer al lector que es bueno “porque sí” resulta un error garrafal, ya que se nos hace poco creíble si no tenemos unas razones o unos motivos de por medio y no nos permitirá identificarnos y vivir con él su historia. Todos contamos en nuestras vidas con unas razones por las cuales tenemos distintas personalidades. Esta idea es la que debemos llevar a nuestros escritos y presentarla siempre que podamos con cada uno de nuestros personajes, sobre todo los principales. ¿Has creado un adulto muy inocente? ¿Tal vez un ogro deprimido? ¿Un rey cruel? No hace falta que te extiendas en largas descripciones si ese no es tu estilo, pero nunca te olvides de dar las pinceladas necesarias para que tus lectores puedan entender por qué esos personajes son así.

Después de los motivos, el contexto es fundamental para dar a conocer aún más a tus creaciones. Estarás de acuerdo conmigo en que, no tendrá la misma personalidad un adolescente que ha nacido en una familia adinerada y ha vivido “entre algodones”, que un adolscente nacido en un barrio marginal, sin ingresos ni posibilidades de estudiar. El contexto, es decir, el ambiente y el tiempo en el que se viven, así como la sociedad en la que se encuentren, perfilarán o acentuarán más ciertas características de la personalidad de tu personaje. Por ejemplo, en el primer caso, tu adolescente puede ser más inocente que el segundo, cuya picardía es un requisito necesario para sobrellevar la vida en ese barrio. Las posibilidades son infinitas, así que no temas jugar con ella.
Además, otro dato que tienes que tener en cuenta y que, realmente, es muy importante, es el tiempo en el que se desarrolle la historia y la sociedad en la que vive tu personaje (de ambas dimensiones hablaremos en otra entrada con más detalle). No importa si es una época inventada con una sociedad también inventada, debes trabajar en los detalles para que tu personaje actúe de manera coherente y a razón de este contexto.

Por último, tienes que tener claros cuáles son los objetivos que moverán a tu personaje en el devenir de la historia. Alguien que no tiene objetivos en la vida, es una criatura estancada. Puedes dejar que esto ocurra en personajes que no van a tener mucha importancia en tu obra, pero es necesario que los personajes principales tengan objetivos bien definidos. No importa si al comienzo de la historia esto no ocurre, con el paso de la misma, deberán ir apareciendo. Ten en cuenta, además, que los objetivos también nacen de los motivos de la personalidad de tu personaje y de su contexto. Al final, se trata de tener bien claros estos conceptos y entrelazarlos para crear una personalidad estructurada, bien definida y desarrollada, capaz de lograr que los lectores la sientan como verdadera y que, por ello, se sientan identificados, aprobando o desaprobando las acciones del personaje.

Recuerda, un personaje que no provoca ninguna emoción en el lector, es un fracaso (a no ser que sea uno secundario, aunque hay obras que contienen grandes personajes de esta categoría). Crear un personaje exitoso pasa por combinar de manera adecuada, una buena estructura y un buen desarrollo. Si todas las piezas en el proceso de construcción de tu “criatura” encajan perfectamente, tendrás garantizado el éxito. Con estos métodos, no puedo garantizarte que tu obra sea un bestseller, pero sí que tus humildes lectores recuerden, amen y odien a tus personajes.

 

Aquello que el dinero no puede comprar (Cuento)

Crecieron como amigas en el seno de un barrio pobre. Ambas tenían tantas cosas en común que más que amigas parecían hermanas. Estudiaron juntas, siempre compañeras en los juegos, los cumpleaños no se podían concebir sin la presencia de la una o la otra.
El tiempo, gran organizador de destinos, las separó en su juventud, aunque solo de manera académica. Una estudiaría bellas artes y la otra una carrera de ciencias. Aun así, siempre siguieron juntas, contándose cómo les iba la vida, las alegrías y las tristezas que en ella se iban sucediendo. Asistieron a sus respectivas bodas, fueron testigos del nacimiento de sus hijos y la cotidianeidad seguía su curso.

Ambas siempre fueron muy generosas, muy amables. No importaba qué problema les acosara, la otra siempre estaba allí para ayudar y no solo lo hacían entre ellas, sino que su humildad se dirigía también a los demás. Nunca tuvieron mucho dinero. Sus ingresos no provenían de trabajos muy bien pagados, ya que ninguna había podido trabajar en aquello que le gustaba por centrarse en su familia, pero eso no importaba. Tenían lo suficiente para vivir y una familia y amigos que las querían. ¿Qué más podían pedir?

En una ocasión, el teléfono de una de ellas sonó de manera insistente.

—¡Me ha tocado! ¡Me ha tocado la lotería!

Las dos rieron de alegría. ¡La suerte les sonreía! A una de ellas le había tocado una gran suma de dinero. Una cantidad que nunca quiso desvelar, ni siquiera a su mejor amiga. Un día, quedaron en casa de una de ellas y la bendecida por la suerte apareció con un sobre.

—Para ti, para que te compres lo que quieras.

No era mucha la cantidad del sobre, pero menos es nada. La amiga lo recibió con agradecimiento y el dinero lo guardó muy bien para ayudar a sus hijos en sus estudios. Después de aquello, las quedadas entre amigas comenzaron a ser distintas. Mientras que lo regalado se diluía como el agua por los gastos, lo ganado se presentaba bajo diferentes formas. Que si hoy me compré un vestido, que si me hice un tratamiento facial, que si adquirí un nuevo coche… Poco a poco la presunción se convertía en losas que iban aplastando la amistad de ambas. La mujer que miraba el sobre al que solo le quedaban unos pocos billetes, reflexionaba sobre cómo su amiga había cambiado tanto, pero el cariño que le tenía de tantos años no le permitía alejarse, aunque su presencia se estuviera volviendo tan tóxica como estar respirando constantemente los gases de una fábrica.

Un día, cuando se celebraban las fiestas de la ciudad, mientras paseaban ambas, vieron a un artista que hacía retratos en la calle. El hombre vendía los retratos por un módico precio con posibilidad de regatear. A una de ellas le llamó la atención  y se acercó para ver las obras de aquel pintor. El hombre, al verla, le propuso hacerle un retrato por el precio de cincuenta euros y si no le gustaba, podían hablar y bajar el precio. La mujer con más dinero, dibujó una mueca en su rostro.
“No pago yo cincuenta euros por un cuadro de estos” dijo, pero a su amiga le interesaban los cuadros. Dudaba, porque no poseía tanto dinero como su amiga para derrocharlo en caprichos, pero realmente quería un cuadro. Al final pensó que tanto tiempo sin pensar en ella debía ser recompensado y que, por una vez, no sería un error comprar algo para ella. Así que aceptó el trato.

Aquel artista realizó un retrato precioso, una pintura que despedía un resplandor especial, hermosa como ninguna, aunque captara hasta la más pequeña arruga de la mujer. Ella, que se había quedado a solas con él porque, su amiga consideraba que tenía cosas mejores que hacer que perder el tiempo con un pintor callejero, le pagó los cincuenta euros sin pensarlo y se llevó el cuadro a su casa.
La obra era tan bella que a sus hijos y a su marido les encantó. Quitaron algunos cuadros del salón y la colgaron allí. Gracias a internet, los hijos publicaron el bello cuadro en sus respectivas redes sociales y pronto recibieron una auténtica lluvia de halagos, “me gustas”, comentarios y retuits.

La amiga de la mujer, que siempre gustaba de pasearse por las redes sociales para ver cómo les iba a los demás y, de esa manera, alimentar su ego, fue testigo del éxito del cuadro y un sentimiento oscuro, como una sacudida incendiaria le recorrió la columna. Comentó de manera cínica que el cuadro era “maravilloso”, pero el sentimiento de la envidia poco a poco se fue introduciendo en su carne y su mente, obligándola, al poco, a buscar a un buen artista que le hiciera a ella un retrato.

Y así fue, la mujer pagó mucho dinero por tener un retrato suyo y, tal y como hicieron los hijos de su mejor amiga, lo publicaron en las redes sociales. El resultado fueron unos pocos comentarios, mientras que el bello cuadro de su amiga, se había compartido en varios lugares. Esperó un tiempo y su publicación quedó en el olvido.
Rabiosa, no entendía cómo el retrato de un pintor callejero que no era conocido por nadie ni tenía ningún tipo de reconocimiento, podía tener más éxito que su espléndido cuadro y comenzó a buscar a otros artistas para que le hicieran otros retratos siempre con el mismo resultado: la indiferencia.

Ambas amigas seguían quedando, aunque cada vez menos. Mientras una radiaba de felicidad, la otra la observaba amargada, con una larga sombra imperceptible a los ojos que opacaba cualquier atisbo de luz. No importaba de lo que presumiera, de las cosas que comprara, sus ganancias no eran capaces de destruir la felicidad de su amiga. Por ello, al año siguiente, cuando las fiestas de la ciudad regresaron, la mujer con dinero buscó al pintor callejero para que le hiciera un retrato y lo encontró.
Cuál fue su sorpresa cuando el hombre se negó en rotundo a pintarla. Le ofreció cien, doscientos, ¡quinientos euros! por un cuadro, pero el artista lo rechazó porque no había dinero que pudiera pagar el desprecio que cometió en su día.
La mujer le insultó, le repudió y le humilló con sus palabras afiladas y llenas de veneno o, al menos eso creía, porque el artista sonreía tranquilo. Curioso por tan azorada reacción, le preguntó los motivos por los cuáles quería uno de sus retratos y la mujer explicó que su amiga era admirada y querida por ello. El artista río con una sonora y amplia carcajada y rápidamente esbozó un dibujo que enseñó a la mujer. Se trataba de una figura femenina monstruosa, sin ojos, solo con las enormes cuencas vacías y el cuerpo convertido en un pellejo que apenas soportaba los huesos. La mujer se horrorizó y lo consideró un insulto, a lo que el artista le dijo:

“No debería ofenderse. Así es como yo la veo y, seguramente, como la verán los demás. No importa cuántas máscaras, cuántos vestidos maravillosos o cuánto maquillaje de marca invierta en usted, los ojos pueden mirar el exterior y apreciar la hermosura efímera de todas esas cosas, pero la mirada es capaz de ver el alma y usted ya no tiene. Los artistas debemos ser capaces de ver más allá del puro artificio y con gente como usted tenemos que hacer un sobresfuerzo para realizar algo que ante los ojos sea bonito. Su amiga es hermosa porque, en su humildad irradia su alma. El alma es libre y pobre, el alma no se viste con materiales caros. Usted ha perdido la suya. El dinero es un arma de doble filo. Si proviene del esfuerzo y la dedicación, se convierte en una herramienta para vivir, como lo sería la espada para un guerrero. Si su procedencia no es esa y los malos hados deciden introducirlo en la vida de alguien, puede convertirse en la moneda de cambio del mal personal. Cuando dejamos que nos corrompa, como lo ha hecho usted, nos quita el alma a cambio de placeres perecederos. Al no tener alma, tenemos que alimentar nuestro ego a costa del resto para llenar el vacío que hay en nosotros. Por ello, usted solo atraerá a aquellos que han perdido su alma y a quienes solo les interesan esos placeres perecederos que solo se obtienen con el metal maldito. Su amiga, por el contrario, atraerá a aquellos que aun poseen su alma intacta, como ella. Es por eso que su retrato siempre tendrá más éxito que cualquiera de los que usted pueda hacerse. Su alma llama a las otras y entre ellas alimentan una felicidad ajena a bienes materiales que, cuando ya no estemos en este mundo, no nos servirán de nada. Usted a lo único que puede aspirar es a la envidia que le corroerá, porque el dinero no puede pagar los placeres del corazón, no puede comprar el amor ni la luz de los que nos rodean. Si me permite un consejo, deje de buscar alimentar su ego y sea humilde. Tal vez pueda arrebatarle a la fortuna monetaria el tesoro que nos brinda la verdadera Diosa Fortuna.”

 La mujer, indignada, se marchó y pensó en lo estúpido que era aquel hombre, en parte porque no comprendía sus palabras. El tiempo, juez y señor de todos los mortales, confirmó y subscribió punto por punto las palabras del artista, enseñándole el significado que en su momento no entendió y mientras su amiga, a la que había retirado la palabra hacía años, disfrutaba de sus últimos años de vejez rodeada de sus hijos, nietos y amigos, ella era testigo del disimulado enfrentamiento entre sus hijos por la herencia y la ruptura de su familia. Aquellos grandes amigos del pasado que disfrutaban de las reuniones, de los días de compras, ya no estaban. Nadie quedaba, tan solo ella y la sombra de un dinero que se marchó como vino, rodeada de retratos de ella  misma. Retratos apartados en la oscuridad de un sótano, carentes de alma.

Aquello que el dinero no puede comprar por  Verónica Monroy “Saclae”

En constante evolución…

Es tarde y unos cuantos destellos de tormenta se asoman en el cielo esta noche, pero no importa, el trabajo esta terminado. En este caso, una ilustración.

Todo en esta vida evoluciona o, si lo prefieres, se transforma. Nuestras relaciones, nuestras habilidades, nosotros… Todo cambia con el tiempo. Si algo he aprendido en estos años que llevo ilustrando de manera digital es que, con esfuerzo y dedicación, todo se consigue. ¿Y qué queréis que os diga? Mi tableta digital sigue siendo la misma de cuando empecé… La pobre ya tiene muchos trazos a sus espaldas, pero eso no es impedimento para que siga cumpliendo con creces con su trabajo. No es el material, es la mano que lo usa la que debe volverse maestra.
Así que sí, sigue intentándolo, sigue dibujando, escribiendo, trabajando en lo que te guste, esforzándote en tu trabajo o en tus estudios. La recompensa llega de la mano del aprendizaje. Poco a poco, sin prisas y con firmeza… Lo importante es estar siempre en constante evolución.

Dejo esta pequeña reflexión y me despido con dos versiones del mismo personaje con la satisfacción del trabajo bien hecho. Sobra decir cuál es la más antigua y cuál la más actual 😛  ¡Pronto más y mejor!

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