Los géneros literarios siempre han sido uno de los aspectos más polémicos en la literatura, y no es de extrañar, si tenemos en cuenta la infinidad de ideas y temas que puede contener una obra. Esto, no obstante, no significa que sea sencillo saber cómo encajar las diferentes obras en un género u otro, pero su existencia, aparte de responder a cuestiones organizativas, también funciona como un filtro seguro tanto para lectores como para filólogos y literatos.
¿Para qué sirven los géneros literarios?
La influencia de los géneros literarios a es clave para entender la literatura de hoy en día, ya que nos muestran patrones que se repiten una y otra vez en las obras que comparten características similares y que nos permiten ver cómo han ido evolucionando a través del tiempo, hasta establecerse en los que hoy conocemos. Por tanto, engloban los rasgos definitorios y diferenciales de un texto o un libro, a fin de que podamos clasificarlo.

Y sí, ya sé que a los escritores (e incluso a algunos lectores), eso de clasificar o encajar un libro en un género u otro no les gusta demasiado, porque consideran que una obra puede contener tantos temas o tantos tropos que es injusto catalogarla de una sola forma. Sin embargo, no hay que olvidar que los géneros literarios representan una descripción general de las características identitarias de un texto, o sea, lo que le da su identidad y nos permite a nosotros identificarlo. Después, para matizar su contenido, existen los subgéneros, una nueva categorización que, a su vez, ayuda a especificarlo o concretarlo.
Así pues, un género narrativo define a grandes rasgos el tema de la obra, mientras que los subgéneros revelan lo que encontraremos en ella. Por ejemplo, uno de los géneros literarios que en la actualidad son más polémicos es el de la Romántica, y esto se debe en parte a que cualquier novela es susceptible de incluir un romance entre sus páginas. Por ello, es necesario entender que: primero, una novela se considera Romántica cuando el peso de la trama recae en los sentimientos y las relaciones y cuestiones amorosas (e incluso familiares o amistosas) de una serie de individuos. Estas, por tradición, suelen acabar bien, porque es así cómo se ha ido definiendo el género a lo largo del tiempo.
¿Necesitamos matizar? Hagamos uso de los subgéneros

Ahora bien, puede que te preguntes: Y si una historia no termina bien, pero contiene las demás características de una novela romántica, ¿ya no es romántica?
La respuesta es sí, con matices, pues ya no estamos hablando del género, sino del subgénero (y este ejemplo te vendrá muy bien para entenderlo). Existe otro género que también ahonda en los mismos temas que la romántica, solo que de una forma diferente, y este es el dramático (no confundir con el género literario que se refiere al teatro). Un drama también narra cuestiones sentimentales, pasionales, familiares… pero su final es distinto, su final suele ser triste, agridulce o trágico. Por eso, teniendo en cuenta que la mayor diferencia entre ambos (sin entrar en otros detalles) es el tipo de final o resolución de la trama, el género narrativo (recordemos: principal de una obra) será uno u otro dependiendo de esto. En cambio, si queremos matizarlo, para añadir más información al tipo de romance o drama que encontraremos, usaremos el subgénero. Por ejemplo: Romántica histórica (una historia romántica ambientada en un contexto histórico); Drama romántico (un drama en relación a un romance); Comedia romántica (una comedia basada en un romance).
Como veis, en realidad, no resulta complicado catalogar las obras en géneros, gracias a la ayuda de los subgéneros. Y esto aplica en todos ellos, sin excepción. Por eso, tenemos Thrillers eróticos, Terror psicológico, Fantasía romántica, Drama histórico… Lo único que hay que tener en cuenta, a la hora de determinar un género, son sus características principales. Después, por supuesto, aparte del subgénero, se pueden añadir otras categorías, que no son subgéneros como tal, pero que ayudan a especificar aún más el contenido de una obra (en el caso de que el autor o la editorial crean conveniente hacerlo). Algunos ejemplos de categorías pueden ser: violenta, ácida, alocada, enternecedora, explícita, pasional, reflexiva…
En definitiva…
¿Y por qué tanto quebradero de cabeza para clasificar las obras? Pues porque, además de para facilitar su estudio y localización, como ya hemos comentado, también supone un espacio seguro para el lector.
Imaginad que os encanta el terror, pero no sois muy aficionados a la ciencia ficción. Probablemente, si os topaseis con un título que os ha llamado la atención, pero vieseis que está catalogado como «Terror cósmico» o «Terror de ciencia ficción», no lo leeríais. Pero, si ese mismo título no viene bien catalogado (y la sinopsis no nos dijera mucho), puede que cayerais en la tentación de comprarlo y, una vez comprado, llevaros la sorpresa de contener un terror de un tipo que no os gusta.

Por ende, y a modo de conclusión, no cabe duda de que los géneros literarios no solo son importantes a la hora de catalogar obras, sino también necesarios. Aunque, eso sí, esto no quiere decir que no puedan existir géneros literarios nuevos diferentes a los clásicos y que responden a dilemas, planteamientos o formas de ver el mundo nuevas o ya existentes y que gozan de una mayor visibilidad como la narrativa LGTBIQ+.
Sea como sea, seguro que el debate de los géneros literarios se seguirá dando, pero entendiendo su importancia y cómo funcionan, nos será mucho más fácil utilizarnos y, lo más importante, evitaremos que nadie se lleve a engaños con lo que espera de una obra y lo que encuentre después.

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Una respuesta a “Los géneros literarios importan”