«Palabras comodín», aprende a utilizarlas menos

¡Hola, fantásticos! ¿Cómo va todo?

Hoy vamos a hablar de temas de corrección de textos, en concreto, de uno al que la mayoría no da importancia, pero que, si quieres que tus escritos destaquen sobre el resto, tienes que aplicar.

¿Sabéis lo que es una «palabra comodín»? ¿Os imagináis por qué es mejor no abusar de ellas? ¿Queréis saber cuáles son? ¡Para eso estamos aquí!

«Palabra comodín», ¿qué es?

Como su propio nombre indica, una «palabra comodín» es un término que solemos utilizar para decir algo que no sabemos expresar. Me explico: por ejemplo, una muy utilizada en nuestro día a día es «cosa» (dame esa cosa; qué cosa tan rara; estoy pensando en mis cosas).

Por tanto, las «palabras comodín» son aquellas que simplifican nuestros textos y evitan que tengamos que especificar o concretar lo que queremos expresar. Esto va en contra de lo que llamamos «enriquecimiento léxico» y de una sintaxis más compleja. Un léxico más rico significa un vocabulario más extenso y, cuanto más vocabulario tengamos, mejor podremos expresarnos. Es como una rueda.

Sin embargo, cuando abusamos de las «palabras comodín», nuestros textos quedan peor expresados, más simplones y sin fuerza.

¿Cuáles son esas palabras?

Toda palabra que solamos repetir mucho se convierte en «palabra comodín», pero hay algunas que son comunes y que se repiten continuamente en todos los hablantes.

Entre ellas encontramos los denominados «verbos pobres», que son aquellos que, como se dice popularmente, sirven tanto para un roto como para un descosido. Los principales son: haber, hacer, poder, tener, decir, ser y estar. Si lo pensáis, se podrían escribir infinidad de oraciones solo con esos verbos.

También tenemos conjunciones como «pero» y sustantivos como «cosa» o «eso», aunque ya os he dicho que cualquier palabra que repitamos mucho es susceptible de convertirse en una de ellas.

No es raro ver textos de escritores principiantes (y no tan principiantes) en los que aparecen oraciones como: «Había mucha gente en la calle que estaba llena de tiendas en las que había muchas cosas».

Si sois lectores ávidos o escritores con un poquito más de experiencia, seguro que leéis esta oración y os suena fatal. La pregunta es: ¿se puede decir lo mismo de otro modo?

¿Cómo puedo evitarlas? ¿Tengo que dejar de usarlas?

Dejar de utilizar estas palabras es imposible, ya que forman parte de nuestra lengua y ocupan un lugar muy importante por ser términos que nos permiten referirnos a cualquier concepto y que nos entiendan. Sin embargo, sí que podéis reducir su uso en vuestros escritos para enriquecerlos, y la mejor manera para ello es haciendo ejercicios de reformulación de oraciones, aprendiendo vocabulario y sinónimos.

Veamos, utilicemos el ejemplo anterior:

«Había mucha gente en la calle que estaba llena de tiendas en las que había muchas cosas».

Reformulémoslo para comprobar si mejora la expresión. Las «palabras comodín» que aparecen son: había, estaba, había de nuevo y cosas. Reescribir una oración requiere variar verbos, eliminar palabras y, si es necesario, cambiar el orden. Sabiendo esto:

«Mucha gente caminaba por la calle plagada de tiendas con infinidad de productos».

Suena mejor, ¿verdad? Hemos cambiado las «palabras comodín» por otras más específicas, o las hemos eliminado, y ahora la oración nos ofrece una imagen mucho más concreta de lo que queríamos decir.

En definitiva, el mejor consejo que os puedo dar para utilizar menos este tipo de palabras es que practiquéis. Podéis escribir oraciones y luego intentar reformularlas sin usar las que veáis, por ejemplo.

De hecho, por aquí voy a dejaros algunas oraciones para que empecéis a practicar. Recordad que no son oraciones incorrectas, sino mejorables. ¿Os animáis a escribir lo mismo sin usar las «palabras comodín»? ¡Venga, que podéis!

  • El otro día me preguntaron qué hacía. ¡Cómo me molesta que se metan en mis cosas!
  • No quería estar en ese lugar, pero era mi obligación estarlo.
  • En esta cueva podemos ver pinturas que se hicieron hace miles de años.
  • Me dijo que estaba equivocado y que no hiciera ninguna locura.
  • Tengo que ir a casa a recoger algunas cosas.
  • ¡No hagas que me enfade con tus cosas de niño pequeño!
  • No me gusta enseñar lo que escribo porque pienso que está mal.
  • Esta situación es demasiado embarazosa, pero podré sobrellevarla si hago el esfuerzo.
  • Aquí no están las pruebas que buscas.
  • En el castillo había un pequeño vampiro que estaba triste porque no podía hacerse murciélago.
  • Las oraciones me parecen una chorrada, pero hacerlas me servirá para no fallar más en estas cosas.

NOTA ADICIONAL IMPORTANTE: reducir las «palabras comodín» para expresarnos mejor es un ejercicio que debe practicar el narrador. Resulta muy importante para textos no literarios, pero en las novelas, los personajes no tienen ni deben evitarlas si no son cultos. Recuerda que los personajes representan diferentes realidades y, por tanto, se expresarán como los hablantes. Piensa, ¿tú hablas evitando estas palabras? No, ¿verdad? Pues tus personajes tampoco. ¡Solo aplica al NARRADOR!

Si te ha gustado esta entrada y te ha resultado de utilidad, no olvides compartirla y aplicar lo que has aprendido. Aunque si no deseas estar tan pendiente de estos aspectos o necesitas que alguien revise tus textos, ya sabes que puedes contactarme para informarte sin compromiso sobre mis servicios de corrección.

¡Nos seguimos leyendo y muy felices letras!

Cuentos: escríbelos y que no te los cuenten

¡Muy buen inicio de semana!

Es posible que, si te gusta escribir, alguna vez hayas sentido la tentación de presentarte a cualquier concurso de cuentos o, a lo mejor, te gustaría publicar tu propia antología o libro como los que leías de pequeño. Sea como sea, si estás por aquí, es porque te interesa el tema, y en este artículo voy a darte las claves para escribir un buen cuento y separarlo de otros subgéneros narrativos parecidos. ¿Te animas? ¡Vamos a ello!

Recuerda: un cuento no es un relato.

El primer error que muchos cometen a la hora de escribir un cuento (y que incluso puede verse en algunos talleres literarios) es confundirlo con un relato. Esto tiene algunas consecuencias directas como, por ejemplo, una mayor extensión y unas características que no son propias del cuento.

Para que lo entiendas mejor: un cuento es un texto narrativo breve, en el que se expone una historia que tiene un final con moraleja y cuyo objetivo es el de dar una enseñanza. El relato, sin embargo, tiene una extensión mayor, pudiendo llegar a las 40 000 palabras, más o menos. En algunos casos, a los relatos más extensos se les llama también novelettes o novela corta, pero no dejan de ser relatos. Para considerarse una novela, tiene que superar esa cifra.

No, lo siento, tu texto de 12 000 palabras no es una novela, es un relato. Cuanto antes lo reconozcas, mejor será para ti y te librarás de críticas por parte de lectores que saben lo que leen y no les gusta que les vendan gato por liebre…

Sobre la extensión del cuento se ha discutido bastante, pero, en mi opinión, lo ideal es que no exceda de las 5000 palabras. Ahora te preguntarás: ¿cómo resumo yo mi historia en tan solo 5000 palabras? Ay, amigo… ahí reside la gracia del cuento, y para poder abordarlo tenemos que aprender a estructurarlo.

Estructura del cuento

Estructurar un cuento no es complicado, pero ¡ojo!, hay que tener en cuenta algunos detalles. Los cuentos se dividen en una introducción, un nudo y un desenlace.

Introducción: es el comienzo del cuento, donde se presenta a los personajes y el problema o conflicto argumental al que se enfrentan. No te detengas demasiado en describir cómo son los personajes o el entorno donde se mueven. En los cuentos debemos dar las pinceladas necesarias para situar los elementos del texto, nada más.

Nudo: se corresponde con el desarrollo de la trama, es decir, las acciones que realizan los personajes para resolver el conflicto. Esta parte, por lógica, es la que más extensión tiene en todos los textos narrativos. No te compliques con diálogos largos o profundos ni estires demasiado la trama.

Desenlace: el final. En él contaremos cómo se ha solucionado el problema (que puede ser bien o mal) y en el que se encontrará la moraleja del cuento. Esta puede ser explícita (la dice un personaje o el propio narrador, dedicándosela al lector) o implícita (se entiende por el contexto). Además, el final en los cuentos tiene que ser SIEMPRE cerrado o autoconclusivo, como prefieras llamarlo.

Personajes en los cuentos

A diferencia de los relatos, en los que podemos extendernos más, y, sobre todo, de las novelas, los personajes de los cuentos son sencillos y planos. No se busca en ellos una complejidad ni una evolución, sino que representen conceptos básicos que reconozcamos fácilmente. Por ejemplo: la bruja=el mal, el niño=la inocencia; el perro=la lealtad. Por supuesto, hay muchísimos tipos de personajes y cada uno de ellos representará lo que el autor desee en sus historias. Lo que tienes que tener en cuenta es que con sus acciones revelen lo que son sin ir más allá. Es decir, la bruja que es mala lo es porque así lo exige el cuento. No le busques motivaciones complejas ni razones que le llevaron a ser la villana. Eso déjalo para las novelas. En el cuento, la bruja se comportará mal y sus deseos serán simples (conseguir un objeto mágico para hacer esclavos a los animales, comerse a los niños porque es glotona, robar juventud a las jóvenes…).

Como ves, estos son solo unos ejemplos, pero creo que te servirán para comprender cómo aparecen los personajes en el cuento.

Temática y diálogos en los cuentos

Temas hay muchos, y algo que debes tener en cuenta es que los cuentos no son narraciones destinadas a un público infantil solamente, también hay cuentos para adultos. Sus diferencias no residen en la complejidad, pues ya hemos visto que el cuento es una narración sencilla, sino en los temas que tocan y el vocabulario que usan.

Aunque ten en cuenta que hay temas considerados «adultos», como la muerte, que también se tratan en los cuentos infantiles. Que sean aptos para un público u otro dependerá de cómo los trates. Los cuentos pueden tener desde un carácter amable o desenfadado hasta uno cruel y realista. En este punto, tú decides qué tipo de cuentos vas a escribir y a qué lectores los vas a dirigir.

Eso sí, tanto si son cuentos infantiles como si no, los diálogos no deben desarrollarse demasiado. De hecho, hay muchos cuentos en los que ni aparece el diálogo. Pero, si tú quieres incorporarlo, ten en cuenta que no debes explayarte mucho en explicaciones.

¿Primera, segunda o primera persona?

Como sucede con los relatos y las novelas, cada narrador tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Una primera persona convierte el cuento en una narración más personal, pero no podrá adentrarse en los pensamientos de otros personajes. Lo mismo sucede con la segunda persona, más utilizada para cuentos epistolares (en forma de carta). La tercera persona, en cambio, da más libertad, porque con ella el narrador puede meterse en la cabeza de otros personajes («pensaba la bruja, soñó el niño, reflexionó el abuelo…»).

Tipos de cuentos

Existen diferentes tipos de cuentos, pero para no alargarme mucho, te contaré los dos más comunes.

Fábula:

Ahora que ya sabes cómo escribir un cuento, me gustaría hablarte brevemente de un tipo que te servirá para titularlos, incluso, si cumplen con sus características. Cuando leemos un cuento cuyos personajes son, principalmente, animales u objetos que se comportan como humanos, lo que tenemos ante nosotros es una fábula.

Obviamente, puedes llamar a tus cuentos como quieras, pero, si tus personajes son de ese tipo, es bueno que sepas que también puedes llamarlos de esta manera. Así, los demás verán que no solo sabes escribir cuentos, sino que además tienes conocimientos sobre ellos.

Microcuentos o microrrelatos:

Tal y como su nombre indica, los microcuentos o microrrelatos son narraciones muy breves en las que la introducción, el nudo y el desenlace se condensan en apenas unas líneas (en algunos casos hasta en una). Llamarlos de una manera u otra no representa ningún problema porque por su prefijo “micro-” ya nos está diciendo que es un texto pequeño.

Este tipo de narraciones suponen mayor dificultad que los cuentos, ya que en su brevedad se encuentra su complejidad. ¿La mejor manera de escribirlos? Organizando las ideas y practicando, teniendo en cuenta que tienen que tener un final que los cierre, tanto de manera explícita como implícita (permitiendo al lector que con su interpretación lo haga) y no confundiéndolos con otro tipo de prosa y mucho menos con rimas o poemas.

Puedes ver algunos ejemplos de microrrelatos con los que escribí para el WRITOBER 2020 de LITERART.

¡Hemos llegado al final! Espero que este artículo te haya ayudado y resuelto dudas sobre escribir cuentos. El mayor problema que presentan es la necesidad de reducir nuestras ideas en una historia breve, aunque, si nos ayudamos de un esquema para ver los puntos más importantes, nos resultará mucho más fácil.

Como siempre, muchas gracias por pasarte por aquí. Si te ha gustado lo que has leído, no dudes en compartirlo en tus redes sociales y no olvides que puedes dejarme en comentarios tu opinión.

¡Muy felices letras y nos vemos en una próxima entrada!

Nueva apariencia y nuevos formatos

¡Hola a todos! ¿Cómo va todo?

Espero que muy bien desde la última vez que nos vimos.

Sí, ya sé que fue hace un par de meses, pero como nos sucede a todos los mortales, una no puede controlar lo que va a suceder ni los acontecimientos que van a ocupar su tiempo. Peeero, ahora que parece que se ha relajado un poco todo, me he propuesto traeros más contenido, tanto literario (tips, microrrelatos) como de ilustración y, ¿por qué no?, algún que otro consejo de corrección. Sin embargo, hoy voy a hablaros de dos novedades de mis libros que me tienen muy ilusionada.

NUEVAS PORTADAS EN LAS NOVELAS DE FREIS

La primera es el lavado de cara que les hice a mis novelas de FREIS (las sobrenaturales y de terror; esas, esas…). Quiero aclarar que su contenido no ha cambiado y son las mismas que habéis leído (si lo habéis hecho, claro). No obstante, después de una laaarga reflexión, decidí cambiar su imagen con portadas que captaran más la esencia de lo que podemos encontrarnos dentro.

¿Qué os parece? ¿Os gustan?

TODOS MIS LIBROS YA DISPONIBLES EN TAPA DURA

Así es, estáis leyendo bien. La segunda novedad es que, desde hace un par de semanas, todos mis libros están también disponibles en AMAZON ¡¡en tapa dura!!

El precio es algo más caro por los costes de impresión, pero creedme cuando os digo que, si os gustan los libros de este tipo, merecen mucho la pena. Para que veáis cómo quedan, os dejo un par de fotos. ¡Yo estoy encantadísima!

Como habéis podido comprobar, esta entrada de novedades no es muy larga, pero era necesaria para todos aquellos lectores que siguen esta página (¡un abrazote grande a todos!).

Antes de despedirme, no olvidéis que podéis dejarme comentarios o mandarme mensajes sobre contenidos que queráis ver en la página. También podéis escribirme y contarme si habéis leído alguno de mis libros y queréis comentarme vuestras impresiones ¡y no temáis comentar entradas si os son de utilidad y os gustan!

Recordad que, asimismo, podéis compartir cualquier entrada de esta página gracias a los botones de redes sociales. Quién sabe, puede que a algún conocido tuyo le sea de utilidad.

¡Muchas gracias por estar aquí! ¡Y nos seguimos leyendo!

¡Nuevo libro para regalar estas fiestas!

¡Hola, hola, mis queridos amantes de las letras!

Espero que os encontréis todos muuuy muuuy bien en este último tramo del año. Este año, al menos en España, estas festividades van a ser un poco diferentes por la pandemia, pero ¡todo sea por la salud de nuestros seres queridos!

Y hablando de seres queridos, os traigo una novedad que tiene que ver mucho con los que más se ilusionan en estas fechas. ¡Eso es! ¡Los niños! Y, bueno, si sois como yo, no tan niños, porque por mucho que pasen los años el espíritu de la ilusión no se pierde cuando se trata de hacer y que te hagan feliz.

Por eso, tanto si tenéis peques, como primos, sobrinos, alumnos o adultos que no han perdido el niño interior y queréis regalarles una historia divertida, entretenida y llena de magia, he publicado un tercer libro de mi serie infantojuvenil “Armais, el mago”.

Armais y el unicornio negro lo tenéis ya disponible en amazon por tan solo 2,99 € en digital y 10, 40 € en libro físico. ¡Si lo pedís prontito y celebráis los Reyes Magos, os llegará a tiempo! Si celebráis Papa Noel, siempre podéis decir que dejó un regalo oculto y ese día es cuando lo habéis descubierto ja, ja, ja. Sea como sea, debéis saber que los tres libros de Armais salen por menos de 30 euros, así que si queréis hacer un regalo especial, ahí los tenéis.

Os dejo los enlaces a continuación y solo me queda desearos felices fiestas y que este año que viene sea mucho mejor, plagado de las alegrías que no tuvimos en este y que nos llene de ilusión. Os agradezco como siempre vuestra presencia por aquí y os mando un abrazo muy fuerte desde la distancia.

¡Amor y buenas letras para todos!

ARMAIS Y EL UNICORNIO NEGRO

DISPONIBLE EN DIGITAL POR 2,99 € Y EN LIBRO FÍSICO POR 10, 40 € EN AMAZON.
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RECUERDA: por menos de 30 € llévate los tres libros de Armais: Armais, el mago, Armais y la Reina Nereida y Armais y el unicornio negro. ¡Solo pídelos desde amazon!

WRITOBER 2020 / 31. MEDIANOCHE

Desde la experiencia nefasta que de niño tuvo en la casa de sus bisabuelos nunca había vuelto a ser el mismo. Ocurrió a media noche, saltándose la prohibición de acercarse al salón en el que se encontraba el tétrico reloj de pared que daba las horas con campanadas.

Aun años después recordaba lo que vio, el terror que pasó. Sentía que, desde ese momento, la vida le iba mal; la mala suerte lo acompañaba. ¿Que conseguía hacer amigos? Al poco le daban de lado sin decirle los motivos. ¿Que alguna chica se interesaba en él? Después de unos días desaparecía sin dejar rastro. ¿Que lo elegían para un trabajo? El dueño no regresaba y tenían que cerrar. Por no mencionar sus incursiones sonámbulas después de medianoche. Decidió, entonces, para redimirse de lo que hizo, formarse como sacerdote con la firme intención de regresar a la vieja casa y romper con su maldición.

A pesar de que en su seminario se dieron muchos casos de corrupción de menores, violencia y renuncios a la fe, consiguió terminar su preparación y, cuando lo hizo, regresó.

Ahora habitada, los nuevos ocupantes no habían tenido experiencias extrañas ni sentían nada malo en aquel lugar, ni siquiera en el salón donde continuaba el mismo reloj dando sus campanadas. Sin embargo, no pusieron impedimentos para que el cura realizara su labor, pues eran devotos y muy creyentes.

Él se acomodó frente al reloj, a solas, para esperar la medianoche. Al llegar esta y empezar a oír las campanadas se tensó, pero no fue hasta que terminó la última cuando vio aparecer por el umbral de la puerta a la misma figura que de niño le causó pavor. Un ser oscuro, de ojos brillantes, cuerpo alargado y que se tambaleaba sobre sus dos infinitas piernas. Un demonio.

Alzó la cruz, recitó sus oraciones, lanzó agua bendita, pero el ente seguía allí, impasible. Desesperado, gritó qué era lo que quería, y el espejo que en realidad había mirado todo este tiempo le devolvió su imagen alargada y grotesca. ¿Qué quería? Hacía años que lo había conseguido.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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Mis Obras

WRITOBER 2020 / 30. TIEMPO

Una de las excusas más concurridas vertidas por quienes no quieren relacionarse con nosotros se resume en “no tengo tiempo”.

Dina estaba acostumbrada a dicha excusa. Siempre que intentaba proponer algún plan a sus compañeras de instituto recibía la misma respuesta: no tengo tiempo.
Se resignó al final a conformarse con la soledad. Nadie tenía tiempo para ella.

Nadie, excepto un chico nuevo que llegó al instituto a mitad de curso.

Callado, solitario y misterioso, él fue quien se acercó a ella buscando conversación, y podía decirse que entre ellos nació una amistad especial que no se vio empañada por las, a veces, extrañas ocurrencias del muchacho.

Ninguna persona en su sano juicio daría importancia a expresiones como “les sacaría toda la sangre”, “si fuera por mí, de ellos no quedarían ni los huesos”. Pero Dina no tardó en descubrir que nunca se sabe cuándo las locuras pueden esconder verdades aterradoras.

Un día, tres después de la desaparición de Karen, la más popular y que siempre se burlaba de ella, sorprendió a su amigo en el trastero de su casa alimentándose de lo poco que quedaba de ella.
No supo cómo, pero cuando alguien te da lo que te falta, puedes llegar a perdonar y comprender…

Una mañana de niebla, su amigo y otros chicos asaltaron el instituto y encerraron a los alumnos en sus jaulas como ganado. El plan era alimentar a la manada y que todo quedara como el ataque de algún asocial al que matarían de forma que pareciera un suicidio.

Cuando algunos vieron que a Dina le permitieron salir de clase, sin tirones y violencia, imploraron su ayuda, pero ella, girándose y mostrando unos colmillos nunca antes vistos, solo pudo responder:
—No tengo tiempo.

©2020, Verónica Monroy

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WRITOBER 2020 / 29. LLAVE

Gravy se había convertido en uno de los arqueólogos más experimentados y reconocidos en su campo por el descubrimiento de la «Puerta del Hades». El umbral de enormes dimensiones, oculto en las cercanías de un volcán descubierto por casualidad en una isla inhabitada, se asemejaba a una puerta en la que se veían grabados antiguos y símbolos de muerte. Los esqueletos, tanto de humanos como de animales, recorrían las hojas de la puerta doble, como si estuvieran ansiosos por entrar.

El equipo de Gravy comentó que debía de tratarse de una obra esculpida en la piedra, pero al arqueólogo le daba la impresión de que, en realidad, sí se trataba de una entrada. Si estaba en lo cierto y aquel lugar ocultaba una necrópolis, su nombre se leería para siempre en todos los libros de arqueología, biografías y enciclopedias por tal descubrimiento.

No obstante, ¿cómo abrirla? No podían usar la fuerza y destrozar semejante hallazgo. Quizá hubiera algún mecanismo, alguna llave. Pero, por mucho que buscó e investigó, no encontró la manera de forzar la puerta, y durante toda su vida soportó los cuchicheos, publicaciones y comentarios de otros compañeros de profesión que lo tachaban de loco. El hecho de no aceptar que, en realidad, se trataba de una escultura hizo mella en su imagen. Y tal era su obsesión con ese tema que, una fría noche de invierno, tuvo una pesadilla extrañísima.

Se encontraba rodeado de oscuridad, solo. Caminó sin saber muy bien hacia dónde iba hasta que se topó con una entrada demasiado conocida para él. La Puerta del Hades lo aguardaba al final del corredor que tantas veces había recorrido y, cuando la alcanzó, oyó el crujir de la piedra y esta empezó a abrirse.

Gravy fue encontrado muerto en su domicilio. Había sucedido mientras dormía, y, a la vez que sus allegados lloraban desconsolados por su pérdida, él se iba de este mundo realizado. Había encontrado la manera de entrar. Lógico, pensó atravesando el negro umbral, la llave para abrir la puerta al Reino de los Muertos no puede ser otra que la propia muerte.

©2020, Verónica Monroy

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WRITOBER 2020 / 28. TESORO

Que el loco del pueblo tenía un misterioso tesoro oculto en el caserón, heredado de su familia, no era ningún secreto. Tampoco lo era que se trataba de un hombre impredecible y violento. Todos conocían el trágico final de Yeray, el chico más guapo de la pequeñísima localidad. Un día se propuso descubrir el tesoro del loco, se hizo pasar por su amigo durante mucho tiempo y, cuando el loco se percató, desapareció. Todos estaban seguros de que lo había matado, descuartizado y había enterrado sus restos en el jardín. A pesar de que la policía buscó, sin encontrar nada, todos creían firmemente que así había sido y así se forjó la leyenda del tesoro del loco.

Transcurrido mucho tiempo, con la casa abandonada, a punto de ser vendida por una inmobiliaria, dos agentes de la misma se paseaban con tranquilidad ultimando los detalles.

—¿Conoces la historia del tesoro del loco? —le preguntó uno al otro.

—Ni idea de lo que hablas.

—Sí, hombre…

Después de la explicación, mientras se fumaban un pitillo en el jardín, el primero propuso buscar la mencionada fortuna. «Anda que si vendemos la casa y se lo encuentra el nuevo inquilino…». Pero, aunque buscaron y rebuscaron por todas las habitaciones, no hallaron nada.

Salían de la biblioteca cuando, tras una de las estanterías de libros polvorientos, se percataron de un hueco extraño. Detrás, una puerta que no hizo falta forzar y unas escaleras que conducían a un sótano amplio. Tantearon a ciegas y, cuando se toparon con un candelabro, encendieron las velas.

Ambos se quedaron petrificados cuando la luz iluminó un ataúd en el que se leía el nombre de Yeray y, por las flores resecas y las notas a su alrededor, comprendieron cuál era, en realidad, el tesoro del loco. Que, quizá, no lo estuviera tanto. Quizá simplemente se enamoró, fue correspondido y la leyenda naciera de vivir en un pueblo incapaz de entender que el más atractivo de sus aldeanos amara a otro hombre. Ya se sabe, para algunos, hay verdades que es mejor que estén muertas.

©2020, Verónica Monroy

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WRITOBER 2020 / 27. PRISIONERO

Llevaba cinco horas jugando y sus cifras eran de récord. Con sus auriculares LED y su potente ordenador a piezas, no existían idiotas que pudieran con él. Ninguno lo conseguía, no había nadie como él, por lo menos en ese juego de zombis y criaturas deformes que estaba tan de moda.

—¡A cenar! —Oyó que lo llamaban, y sintió una rabia tan grande que no pudo evitar gritar.

—¡Que ya voy, joder! ¡Cuando tenga hambre! ¡Pesada! ¡Come tú, gorda!

No era la primera vez, ni sería la última, que faltaba al respeto a su madre. Todos conocían sus brotes agresivos. Reacciones que, sin embargo, no tenía con desconocidos y otros chicos de la calle. Online sí, online tenía una reputación, en su mundo era alguien.

—Vaya mierda de bichos —espetó lanzando el ratón contra el colchón—. No hay ni uno difícil de matar. Hasta un niño rata podría ganarlos. Puta mierda de juego…

Esa noche cenó más furioso de lo normal. En su mente, determinaba la necesidad de comprarse una gráfica nueva, pero ya había robado la pulsera aquella tan cara de su abuela, y sobre la que, decían, caía una maldición, por ser una mujer muy celosa de sus pertenencias. La había vendido y con el dinero tenía el mejor monitor del mercado, así que tendría que aguantarse.

—Puto juego, puta pulsera, puta yaya.

Regresó a su habitación, pero algo allí había cambiado. En la oscuridad, su PC gaming brillaba con una luz fantasmagórica que no se correspondía con la LED de siempre. Lo tocó y todo se fundió a negro.

Despertó en un bosque, aún de noche. Hacía frío y, a su lado, vio unas bengalas y una pistola. Se preguntó qué cojones de broma era aquella, pero cuando oyó un sonido que bien conocía por su videojuego y se dio la vuelta, la sangre descendió hasta los pies. Prisionero en el juego, aquello solo podía ser una pesadilla. No importaba que llorara llamando a su madre; debía huir si no quería morir. O demostrar que esa mierda de bicho no era difícil de matar.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

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WRITOBER 2020 / 26. VEJEZ

Cuando tan solo era una niña, la muerte de su perrito Poppy le generó tal dolor que pasaron años hasta que se recuperó y aprendió a vivir sin su presencia. La vejez alcanzó al animal, que había gozado de una vida larga y feliz desde que su madre lo encontrara en la calle. Sin embargo, lo que para la mayoría se aprende como «las leyes naturales», para ella se convirtió en un trauma profundo que la llevó a obsesionarse con no envejecer. No quería morir como Poppy, no deseaba debilitarse e irse apagando como una vela que va consumiendo el oxígeno. La vejez y la muerte eran crueles, las temía y las odiaba.

Pasó tiempo hasta dar con el modo de detener su reloj biológico, y tal vez por su obsesión con encontrar la manera de no verse vieja, se convirtió en una estudiante brillante. Tan brillante que, gracias a las becas y a lo mucho que sabía sobre historia, consiguió encontrar a una bruja, de las de verdad, no como su cuñada. Una mujer con siglos a sus espaldas, pero que se veía joven y vital. Así que, sin importarle las condiciones, si tenía que vender su alma al diablo o realizar cualquier pócima nauseabunda, le expuso su problema.

Pero fue mucho más fácil que eso. La bruja le preguntó si de verdad deseaba no envejecer nunca y no morir, y lo aseveró con tanta vehemencia que no hubo dudas de su deseo. De este modo, solo necesitó un poco de sangre de la palma de su mano para firmar un «contrato de vida eterna», a saber con qué entidad antinatural.

Paso el tiempo, y tal y como esperaba, no envejeció. Y lo que al principio le pareció el más maravilloso de los destinos se convirtió en su condena. Quienes llegaba a amar, morían; los años pasaban y se vio obligada a ocultarse, pues si la encontraban, no tardarían en experimentar con ella en busca de «la fuente de la juventud».

Entendió, entonces, cuan afortunado fue Poppy. Y la vejez y la muerte dejaron de parecerle tan horribles.

©2020, Verónica Monroy

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales. Ilustración de Evgeniya Egorova.

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