Temática oscura y de terror II: Maleficios

Si las maldiciones se corresponden con el deseo o la verbalización de un mal, el maleficio, como ya adelantamos en la entrada anterior, se presenta como el propio acto de inflingir un daño.

En la la literatura, los maleficios se representan mediante conjuros que causan un efecto inmediato en sus víctimas, ya sea en su vida como en el estado de la misma. Es decir: el maleficio puede causar la muerte o la conversión del maldito.
Podemos encontrar este tipo de conjuros malignos, principalmente, en el género fantástico o sobrenatural y el del terror (incluyendo sus propios subgéneros, como el épico, gótico, etc).
Así, nos resulta común observar maleficios mágicos, como ocurre en las historias protagonizadas por hechiceros en donde la magia negra se convierte en un arma eficaz contra los enemigos. El trueno, el fuego y el aire son constantes en la magia elemental. También, cualquier tipo de hechizo ideado por la creatividad humana y que conlleva una consecuencia negativa se catalogaría como maleficio. Los cuentos, por ejemplo, son auténticas recopilaciones de maleficios por su carácter rápido y su efectivismo. Un personaje al que una bruja le hechiza para que le crezcan las orejas, una princesa afeada por un conjuro… solo son algunos ejemplos de algunos tipos de maleficios.
Sin embargo, los más comunes son los que atañen a la transformación física o mental de los personajes en otras criaturas. La hibridación o conversión en monstruos es el maleficio por antonomasia. Existen tantos híbridos como maleficios es capaz de idear la mente humana. Algunos de los más representativos  y que podemos mencionar son: los licántropos u hombres lobo, las gorgonas, el minotauro, el hombre polilla o “moth-man” etc.
Otros seres, no obstante, mantienen su condición híbrida, pero esta se forma gracias a su parte humana y a la muerte. Vampiros, momias, zombis y otros no muertos se incluirían en esta clasificación.

Al igual que las maldiciones, junto a los maleficios advertimos métodos o maneras de combatirlos o contrarrestrarlos, ya que, como bien sabrás, para todo mal existe una solución. De esta forma, en muchas ocasiones, para deshacernos de un maleficio, se convierte en necesaria la búsqueda o el cumplimiento de una serie de requisitos impuestos, casi siempre, por el causante del mismo.
Estas condiciones pueden presentarse bajo forma de objetos (reunir determinados objetos, muchas veces, de índole sagrada), cuya combinación o posterior uso nos librará de nuestros males o de acciones tanto positivas (ayudar, amar, etc.), como negativas (cometer un crimen).
A pesar de esto, algo que no hay que olvidar es que, los maleficios que implican muerte (ya no solo como pérdida de vida, sino también como pérdida de humanidad), reclamarán la propia muerte como medio de salvación.  De este modo, los vampiros jamás podrán librarse de su vampirismo si no es regresando al mundo de los muertos.

Con todas estas características habrás apreciado que, si bien las maldiciones provienen de envidias, rencores y odios, los maleficios se corresponden con castigos. Estos, provocados, la mayoría de las veces, por malas conductas de las víctimas. Además, comparten con sus hermanas la peculiar característica de alcanzar o afectar al entorno del maldito por acción indirecta o directa. Por ejemplo, los licántropos extienden su maleficio mediante su mordisco. Si la víctima sobrevive, pero ha sido mordida por uno de ellos, el proceso de metamorfosis comenzará, materializándose por completo la primera noche de luna llena después del fatídico suceso.

En conclusión, los maleficios son conocidos como una de las armas esotéricas más poderosas y su aparición en la literatura es tan variada y está tan extendida que los sitúa entre los primeros puestos de los obstáculos a los que todo buen personaje debe enfrentarse.
Si te ha gustado esta entrada, no olvides difundirla y compartirla. Espero que, junto con la de las maldiciones, te haya servido para diferenciar ambos conceptos y así, puedas aplicar tus nuevos conocimientos a la hora de escribir y confeccionar tus propias historias. ¡Un abrazo fuerte y nos seguimos leyendo por el blog! ¡Qué ni las maldiciones y los maleficios te detengan! ¡Felices letras!

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