LITERARTOBER 2021/ 23. RADIO

Radio

Después de una divertida tarde pidiendo caramelos junto con los niños y su madre, se recostó como siempre en su sofá preferido y encendió la radio, pasadas las 00:00. Se sentía cansado, le parecía una tontería eso de Halloween; locuras americanas, pero todo fuera por contentar a los chicos.

Su programa favorito iba a comenzar. Le gustaba oír anécdotas graciosas de los oyentes, antes de irse a dormir. Pulsó el botón de emisoras favoritas y, a pesar de que la tenía grabada, esa vez le costó más sintonizarse. El ruido blanco, que como un crujido incesante lo torturó unos minutos, precedió a la voz del carismático locutor.

«Esta noche de muertos tenemos un especial de historias de terror, y comenzaremos con una delirante».

Al oír eso, estuvo a punto de apagar la radio. No le gustaban esos temas, pero la curiosidad pudo más que él.

«Sucedió hace más de un año. Dos buenos amigos, acabada la jornada laboral, solían acudir a una sala de apuestas para deshacerse del estrés acumulado. Sin embargo, lo que para uno era solo un pasatiempo, para otro se volvió una obsesión. Aun así, el más responsable de los dos jamás le dijo nada ni intentó detenerlo en ningún momento. Ni siquiera cuando en una partida lo perdió todo».

La radio se desintonizó de nuevo y él tragó saliva. Esa historia le era muy familiar.

«El tipo perdió sus ahorros, su casa, su mujer y sus hijos… y no lo aguantó, se suicidó. Pero ¡ay! Esa pobre familia no se iba a quedar sola, ¿verdad, Luis? Porque, claro, a ti te gustaba la mujer de tu amigo y, como el carroñero que eres, aprovechaste para presentarte como su salvador».

Luis se levantó de golpe. Conocía esa voz.

«Te diré algo, Luisito: los muertos no olvidan, jamás lo hacen. Y voy a por ti, Luis, voy a por ti. Te voy a llevar conmigo al infierno que te mereces».

Horrorizado, agarró la radio y la reventó contra la pared. Respiró hondo para tranquilizarse y se dio la vuelta. Un rostro conocido le estaba esperando.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/ 22. CENA

Cena

Esa noche de verano, de nuevo, iba a disfrutar de una cena estupenda. El amigo de su padre organizaba unas barbacoas de escándalo y siempre lo invitaba junto con su familia. Adoraba esa época del año, porque no había fin de semana que no se pusiera las botas. Sus padres, en más de una ocasión, le regañaban por devorar la comida sin control, pero es que le encantaba comer, comer, comer. Una afición que se había traducido en un sobrepeso considerable para su edad y en el sobrenombre «del Bola» que le habían puesto en el colegio.

Pero le daba igual, ni siquiera la ingente cantidad de empachos que sufría desde pequeño y las posteriores consecuencias habían conseguido que recapacitara. Por tanto, esa noche no iba a ser diferente. Se relamía con solo pensar en los manjares que el amigo de su padre pondría en LA CENA.

Estando ya en la finca, la velada se desarrolló como de costumbre, aunque algo cambió para él. Normalmente, se dedicaba a ir de aquí para allá saboreando todo lo que le llamara la atención sin que nadie lo molestara, pero el anfitrión esa vez se animó a hablarle.

—¿Te está gustando la comida? —le preguntó, poniéndole su mano en la espalda e invitándolo a caminar.

—Me encanta, gracias —respondió él.

Ambos avanzaron mientras hablaban de los platos que se habían servido, hasta que se dio cuenta de que habían llegado a una zona bastante alejada de la finca y oscura. El hombre, con tranquilidad, cerró la puerta de la verja tras ellos y, al instante, oyó un gruñido que le puso los pelos de punta.

A continuación, de una caseta ruinosa que se advertía a lo lejos, la sombra de lo que parecía un enorme perro se sacudió.

—¿Quién es? —escuchó preguntar a una voz femenina pero muy grave, casi cavernosa. —La cena, cariño —anunció y lo miró con una sonrisa afilada—. No te lo tomes como algo personal. Está embarazada y el médico ha dicho que necesita grasa.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/21. DESVÁN

Desván

Desde que eran unos niños, cada vez que visitaba a sus tíos, su primo siempre le asustaba con la misma canción.

«El monstruo del desván, el monstruo del desván… si miras donde no debes, te atrapará, te atrapará… y con tu piel se hará un disfraz».

La casa de sus tíos poseía un grandísimo desván, pero su primo, con su cancioncita dichosa, se encargaba muy bien de mantenerlo a raya. Nunca, jamás, dejó de cantar esa canción, hasta el punto de que consiguió que se quedara grabada en su memoria y de que él mismo la tarareara cuando caminaba por debajo de esa estancia.

Con los años, ambos desarrollaron una gran relación de amistad. Iban a la misma clase, compartían gustos, colegas, salían a los mismos lugares. Sentía verdadera devoción por su primo, pero, a pesar de la gran confianza que se tenían, seguía sin enseñarle el famoso desván. Él tampoco insistía, pero con la edad y la rebeldía empezó a desear ver la única habitación de la casa de sus tíos que jamás había visitado.

No dudó, entonces, para lograrlo, hacer una copia de las llaves de la vivienda, aprovechando que a veces se las dejaban cuando llegaban tarde de fiesta. Después, solo tuvo que ser paciente y esperar a que su primo le dijera que ese finde saldría a comer con sus padres.

Cuando llegó el día, se coló sin pensárselo en la casa, se dirigió al desván y, con cuidado, subió. Antes de llegar, oyó la famosa cancioncita, pero no en su mente. Su primo estaba allí dentro.

—Capullo —pensó—. Seguro que ahí es donde guarda todas las revistas guarras.

Abrió la puerta despacio y lo primero que le asaltó fue un olor muy desagradable. Luego, no supo reaccionar al ver bultos verdosos por todas las paredes, que supuraban un líquido nauseabundo. Pero menos lo hizo cuando, en vez de con su primo, se topó con una fea criatura antropomorfa que canturreaba mientras limpiaba un disfraz de piel humana. «Si miras donde no debes…», le oyó cantar mientras giraba la cabeza hacia él.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/20. IRA

Ira

Elena y Arturo siempre habían querido tener hijos, pero después de innumerables tratamientos, acabaron por aceptar que no podrían ser biológicos y que su sueño solo se cumpliría por la vía de la adopción.

Fueron muchas las entrevistas hasta que Elena, durante una visita, se quedó prendada de una niña preciosa que jugaba en su habitación, impasible ante la llegada de posibles adoptantes. Sin embargo, en el centro la advirtieron de que esa chiquilla tan bonita ocultaba un lado oscuro, una agresividad que explotaba en brotes de ira sin dar previo aviso. Era peligrosa.

A pesar de ello, Elena no se la podía quitar de la cabeza. Tan preciosa, tan divina, tan serena… ¿Cómo era posible que un ser tan bello pudiera ser peligroso? Dicha idea no tenía lugar en su pensamiento y su determinación e insistencia lograron que Ari, como así la llamaron, fuera finalmente adoptada.

Ambos padres estaban encantados con su hija. No entendían ni comprendían cómo un centro tan prestigioso podía haber mentido tanto sobre ella. Alguna vez Elena la reprendió por corretear por la noche, y no se enfadó. Arturo, en algún momento, la regañó por cruzar la calle sin mirar, y no se enfadó. La educaban sin prescindir de una justa disciplina, y Ari no se enfadaba.

Hasta que un día, cuando la pequeña cumplió ocho años, su madre le preguntó:

—Cariño, ¿sabes si estás bautizada?

En ese momento, la mirada de Ari cambió.

—¿Por?

—Porque queremos que vayas a catequesis, pero para hacer la comunión tienes que estar bautizada.

—No.

—¿Cómo que no?

—¡HE DICHO QUE NO!

Elena cayó de espaldas, asustada por la voz gutural que brotó de la garganta de su hija. Su rostro se había ensombrecido y demacrado, su expresión era agresiva. Amenazante, Ari se acercó a ella.

Arturo llegó de trabajar y se dirigió al salón, como siempre, para saludar a su mujer e hija. Pero la escena que encontró fue bien diferente. Elena yacía con la cabeza destrozada sobre la mesa; Ari, sobre una silla, tenía las manos cubiertas de sangre y lo miraba llena de ira.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/19. POZO

Pozo

No, si ya lo decía mi madre. Ese hombre está loco, ¡está loco! ¿Por qué demonios no han hecho nada con él antes? ¿Por qué las autoridades han ignorado lo que se les ha dicho todo este tiempo? Ese tipo siempre ha sido peligroso, todo el mundo sabía que guardaba armas en su casa. ¿Un cazador retirado? ¡Y una mierda! Todos sabían que algo en su cabeza no iba bien, que le falta algún tornillo o… ¿qué narices? ¡Todos! ¡Le faltan todos!

Otro disparo. A este paso no va a quedar nadie en el pueblo con vida. ¡Maldita policía! ¿Dónde están cuando se les necesita? Menos mal que desde niño conocía la existencia de este pozo.

Sí… aquí… aquí estaré a salvo. No me verá… no me verá… NO ME VERÁ. ¡Oh, Dios mío! Aunque, aunque vaya con esa linterna de camping, no… aquí no llegará. La luz no llegará aquí y me salvaré, mañana por la mañana los servicios de rescate me sacarán.

Sigue disparando… y grita. Debe de estar buscando a ese bicho imaginario que dijo haber visto en el bosque. Vale que a lo mejor no se le trató demasiado bien cuando lo contó, pero ¿considerar a todo el pueblo cómplice de una criatura maligna? ¡Por favor! ¡El único maligno es él! Solo una mente enferma puede imaginarse a un ser parecido a un humano, demasiado delgado y con ojos muy brillantes que se dedica a robar ovejas para comérselas, como si fuera una alimaña.

Empieza a hacer mucho frío y la humedad de este pozo no ayuda a que deje de tiritar… Un momento, al fondo creo ver algo. ¿Es…? ¿Es una persona? ¡Sí, eso parece! La oscuridad no me deja distinguirlo bien, pero parece que está acurrucado, ha debido de esconderse aquí como yo para librarse de ese loco. Pe-pero… no dice nada y no sé si es normal ese brillo tan intenso en los ojos. Parece un animal nocturno y… no, no. Ahora que se ha levantado es alto y es delgado y… por su expresión, juraría que tiene hambre.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/18. MANSIÓN

Mansión

Esta no es la típica historia de casas encantadas. O sí, ¿quién sabe? El caso es que Abel odiaba trabajar en los jardines de aquella mansión. Había visto muchas películas de terror, y la pinta que tenía ese edificio no auguraba nada bueno. Tétrica, oscura, en lo alto del pueblo; allí seguro que tenían que habitar fantasmas. Si nunca se oyeron historias sobre ello, sería porque el dueño era un artista excéntrico, porque nunca se quitaba las gafas de sol, al que solo le preocupaba esculpir estatuas y no se enteraba de nada. Abel estaba seguro; seguro, seguro.

Por esta razón, no se atrevía a mirar a las ventanas viejas, no fuera que entre las cortinas viera algún rostro horripilante. Entonces, del microinfarto que sufriría no volvería a trabajar allí, y la verdad, por mucho que le atemorizara la mansión, pagaban demasiado bien como para perder ese empleo. De hecho, no trabajaba tanto. Solo debía arreglar las plantas y el césped del jardín y acomodar las estatuas que terminaba el dueño en sus pedestales. Nada más y nada menos. El sueldo que cobraba no solo le permitía ahorrar, sino también darse caprichitos y cuidarse, por ejemplo, yendo al gimnasio. Últimamente, su físico era el tema de las conversaciones de varias chicas que conocía, y él estaba encantado.

Sucedió un viernes muy caluroso por la mañana que Abel, sudando por el clima y el trabajo, decidió quitarse la camisa. En ese momento, la casualidad quiso que el dueño pasara por allí y, cuando lo vio, se paró para observarlo con detenimiento. Él, azorado, se apresuró a vestirse, pero un buen artista siempre sabe apreciar una obra de arte. Ese día, le encargó el doble de trabajo y cuando terminó, bien caída la tarde, le pidió que le acompañara para colocar una última estatua. Abel no comprendía nada cuando vio el pedestal vacío sin ninguna figura cerca, hasta que, al girarse, la visión de dos ojos amarillentos en la oscuridad le dejó petrificado, hasta el punto de convertirse en otra encantadora estatua de aquella tétrica mansión que tanto temía.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/17. JOYA

Joya

La joya más roja y brillante que existe perteneció a la mujer de un jefe de la mafia rusa. No se conoce su origen, pero se dice que la adquirió durante un viaje por los Cárpatos, comprándola, o más bien arrebatándosela, a un viejo mercader.

Se cuenta que la dueña de la piedra no era especialmente agraciada, lo que se traducía en los innumerables escarceos de su marido, sin embargo, cuando portaba la joya algo cambiaba. No es que se volviera hermosa de pronto, pero el intenso brillo rojizo de esa piedra la volvía atractiva, misteriosa; la convertía, a ojos de los demás, en una criatura sensual y deseable. Tanto era así que no tardó en imitar a su esposo y empezó a verse con muchos hombres, que quedaban prendados de ella hasta el punto de ofrecerle su sangre en lo más alto del fragor amoroso.

A partir de entonces, todo hombre que quisiera pasar la noche con la dueña de la joya lo hacía plenamente consciente de que esa sería la última. Todos, sin excepción, morían desangrados… pero bien merecía la pena.

Ella no se daba cuenta, pero lo que en un principio solo fueron encuentros apasionados y desenfrenados se tornaron, poco a poco, en una necesidad. Cuando no se hallaba en los brazos de ningún amante ni bañada por su sangre, se sentía vacía, fría; percibía sus huesos helados y sufría, porque no era consciente del tiempo. En cambio, su tesoro, su joya, se veía cada vez más preciosa, más roja, más brillante.

Los años pasaron y, cuando se percató de que todo moría a su alrededor, huyó, aunque siempre la encontraban y el ciclo volvía a repetirse. Intentó librarse de la joya, pero jamás pudo, era mucho más fuerte que ella, alimentada por la sangre de sus amantes. Así fue hasta que logró la paz en un castillo abandonado donde, gracias a las leyendas, no recibía visitas y podía esperar su desvanecimiento… Pero llegaste tú ignorando las advertencias y lo has estropeado todo. Esa maldita joya roja vuelve a brillar, y yo siento el calor de nuevo.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/16. DESIERTO

Desierto

No creía en las maldiciones de las momias. Llevaba mucho tiempo trabajando con ellas y su rigor científico le impedía aceptar la existencia de esas mentiras y patrañas. Como notable arqueólogo, se debía a sus estudios para explicar cuestiones sobre la historia y culturas humanas, por lo que nada podía detenerlo en su vocación. Ni siquiera el mensaje críptico que tenía frente a él, grabado en una roca. Le había costado mucho llegar hasta esas ruinas perdidas en medio del desierto y no iba a dar marcha atrás por una simple y antigua advertencia.

«Cuídate de no tocar los falsos tesoros que como ónix brillan en la oscuridad, pues esta no es tierra para el descanso de los que ya no están, sino la última esperanza para detener a la bestia».

Se encontraba fascinado con cada palabra que encontraba en esas rocas. Hablaban de monstruos, de sacrificios, de una prisión que ningún vivo debía pisar.

Ensimismado con los mensajes y los dibujos de las paredes, se internó más y más en la profundidad hasta llegar a una estancia donde no se podía ver nada. Sin embargo, él siempre iba preparado y no tardó en verter luz sobre el lugar y comprobar que lo único especial de esa sala residía en dos grandes óvalos negros centrales con otras cinco esferas más pequeñas a cada lado por debajo de ellos, incrustados en una enorme pared de tierra al fondo. Parecían construidos en algún mineral precioso, y su curiosidad hizo que avanzara para comprobarlo. Ya delante de ellos, se quedó extrañado, ya que, bajo la luz de la antorcha, brillaban de una manera especial, como si en realidad fueran ojos que lo observaran. 

Así pensaba cuando un poderoso estruendo precedió a una vibración que sacudió toda la estancia. Cubierto de polvo y aturdido, miro al umbral ahora sellado por una puerta que se asemejaba a dos pinzas parduzcas entrelazadas. No quiso mirar atrás, algo le decía que las piedras que había visto se encontraban pegadas a su espalda, reluciendo con intensidad, como ónix bajo la luz de la antorcha.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/15. INFIERNO

Infierno

—¿Qué es el Infierno, mamá?

Arqueó una ceja y miró a su hijo con extrañeza, mientras recogía los platos del desayuno. Siempre había sido un niño muy listo, por lo que, a decir verdad, tampoco era tan raro que le formulara una pregunta como esa.

—El Infierno… —comenzó con la mirada perdida, como si intentara recordar un discurso largamente repetido— es un lugar al que van las almas de aquellos que han actuado mal en la vida.

—Ah, ¿te refieres a las personas malas?

Se quedó un momento en silencio. Dudó.

—No —contestó al fin—. No todos los que acaban en el Infierno son malas personas.

En ese momento, la alarma del reloj la avisó de que su nuevo novio estaría al caer. Tenía muchas ganas de estar con él, aunque con el niño presente…

De pronto, sintió remordimientos y algo en su interior le advirtió de que verse a solas con él más tarde tampoco era tan malo. Sin embargo, actuando casi como una autómata, instó a su hijo a prepararse rápido para ir a la escuela.

—Vas a llegar tarde, date prisa.

—Pero, mamá, aún es pronto.

—No es pronto, vas a llegar tarde. ¡Rápido! No quiero que me llame tu profesor. ¡Venga, venga!

El niño obedeció, su madre le colocó la mochila con urgencia y lo llevó hasta la puerta.

—Date prisa, no llegues tarde —le repitió.

En cuanto doblara la esquina, su novio, que ya esperaba cerca del jardín, podría entrar en casa.

El chico corrió y corrió todo lo rápido que pudo, animado por su madre, cuando el chirrido de unas ruedas quemando el asfalto lo inundó todo. Un golpe y el cuerpo del niño cayó a varios metros bajo el chasquido de unos cristales y el alma de su madre. Llorando se miró las muñecas y vio las largas rajas que las surcaban. Entonces, su conciencia despertó durante unos minutos para recordarle qué era todo aquello y que se preparara, pues estaba condenada a repetir esa escena una y otra vez en un bucle infinito de culpa y muerte en el mismísimo Infierno.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

LITERARTOBER 2021/14. LUZ

Luz

Mayka se consideraba un ser de luz. Terapeuta espiritual, ayudaba a sus clientes a través de terapias alternativas que curaban el alma, que limpiaban las energías y las conectaban al cosmos. Le gustaba sentir que era única, que había alcanzado un estado de conciencia que le permitía no solo asistir, sino también guiar a los demás. Comenzó interesándose por los ángeles, aprendió sobre minerales, invirtió su tiempo en técnicas de autoayuda, hasta sentirse libre abrazando árboles y enseñando al resto que todo lo que sucedía tenía una razón.

Desechaba todo lo relacionado con la oscuridad, detestaba y sentía lástima por quienes se sentían atraídos por la negrura y no el sendero iluminado. Se veía como maestra, ¡era una maestra!, sus discípulos la adoraban, siempre con su simpatía natural y sus ganas por sanar sus espíritus. Tan fuerte era su obsesión por la luz, hasta el punto de creer que conocía todo sobre su naturaleza, que se esforzó mucho, viajó a infinidad de lugares en busca de una sabiduría mayor, deseando trascender.

Hasta que todo cobró sentido una noche, en un sueño.

Ángeles, deidades, energías, seres primordiales… se cuenta que existen entes por encima del hombre, cuya magnificencia solo se encuentra al alcance de la comprensión de unos pocos elegidos. Mayka se vio como uno de ellos cuando la voz ininteligible para la mayoría se tornó en saber para ella. Se maravilló con lo que le reveló: la verdad se encuentra en la luz. Debía desearla más, entregarse más, dejar que la llenara con su poder. Solo así se volvería como ellos, luz pura y radiante en el Universo.

Aceptó, por supuesto que aceptó. Solo con pensar en los rostros de admiración de sus discípulos se le encendió el alma, alimentando un ego peligroso que no le permitió ver que no era un ser perfecto. Demonios, sombras, criaturas de la noche… temidos por la humanidad, aunque Mayka llegó a clamar a gritos que alguno la ayudara, cuando su cuerpo empezó a arder y su alma se abrasaba para convertirse en la luz que alimentaría a un ser puro y radiante.

©2021, Verónica Monroy

📷 Mi instagram.

La imagen utilizada para ilustrar este relato pertenece a su respectivo autor y se ha utilizado sin ninguna modificación ni con fines comerciales.

Si te ha gustado, no dudes en darle like, comentar o compartirlo. ¡Gracias por leer!


Mis Obras

A %d blogueros les gusta esto: