«Palabras comodín», aprende a utilizarlas menos

¡Hola, fantásticos! ¿Cómo va todo?

Hoy vamos a hablar de temas de corrección de textos, en concreto, de uno al que la mayoría no da importancia, pero que, si quieres que tus escritos destaquen sobre el resto, tienes que aplicar.

¿Sabéis lo que es una «palabra comodín»? ¿Os imagináis por qué es mejor no abusar de ellas? ¿Queréis saber cuáles son? ¡Para eso estamos aquí!

«Palabra comodín», ¿qué es?

Como su propio nombre indica, una «palabra comodín» es un término que solemos utilizar para decir algo que no sabemos expresar. Me explico: por ejemplo, una muy utilizada en nuestro día a día es «cosa» (dame esa cosa; qué cosa tan rara; estoy pensando en mis cosas).

Por tanto, las «palabras comodín» son aquellas que simplifican nuestros textos y evitan que tengamos que especificar o concretar lo que queremos expresar. Esto va en contra de lo que llamamos «enriquecimiento léxico» y de una sintaxis más compleja. Un léxico más rico significa un vocabulario más extenso y, cuanto más vocabulario tengamos, mejor podremos expresarnos. Es como una rueda.

Sin embargo, cuando abusamos de las «palabras comodín», nuestros textos quedan peor expresados, más simplones y sin fuerza.

¿Cuáles son esas palabras?

Toda palabra que solamos repetir mucho se convierte en «palabra comodín», pero hay algunas que son comunes y que se repiten continuamente en todos los hablantes.

Entre ellas encontramos los denominados «verbos pobres», que son aquellos que, como se dice popularmente, sirven tanto para un roto como para un descosido. Los principales son: haber, hacer, poder, tener, decir, ser y estar. Si lo pensáis, se podrían escribir infinidad de oraciones solo con esos verbos.

También tenemos conjunciones como «pero» y sustantivos como «cosa» o «eso», aunque ya os he dicho que cualquier palabra que repitamos mucho es susceptible de convertirse en una de ellas.

No es raro ver textos de escritores principiantes (y no tan principiantes) en los que aparecen oraciones como: «Había mucha gente en la calle que estaba llena de tiendas en las que había muchas cosas».

Si sois lectores ávidos o escritores con un poquito más de experiencia, seguro que leéis esta oración y os suena fatal. La pregunta es: ¿se puede decir lo mismo de otro modo?

¿Cómo puedo evitarlas? ¿Tengo que dejar de usarlas?

Dejar de utilizar estas palabras es imposible, ya que forman parte de nuestra lengua y ocupan un lugar muy importante por ser términos que nos permiten referirnos a cualquier concepto y que nos entiendan. Sin embargo, sí que podéis reducir su uso en vuestros escritos para enriquecerlos, y la mejor manera para ello es haciendo ejercicios de reformulación de oraciones, aprendiendo vocabulario y sinónimos.

Veamos, utilicemos el ejemplo anterior:

«Había mucha gente en la calle que estaba llena de tiendas en las que había muchas cosas».

Reformulémoslo para comprobar si mejora la expresión. Las «palabras comodín» que aparecen son: había, estaba, había de nuevo y cosas. Reescribir una oración requiere variar verbos, eliminar palabras y, si es necesario, cambiar el orden. Sabiendo esto:

«Mucha gente caminaba por la calle plagada de tiendas con infinidad de productos».

Suena mejor, ¿verdad? Hemos cambiado las «palabras comodín» por otras más específicas, o las hemos eliminado, y ahora la oración nos ofrece una imagen mucho más concreta de lo que queríamos decir.

En definitiva, el mejor consejo que os puedo dar para utilizar menos este tipo de palabras es que practiquéis. Podéis escribir oraciones y luego intentar reformularlas sin usar las que veáis, por ejemplo.

De hecho, por aquí voy a dejaros algunas oraciones para que empecéis a practicar. Recordad que no son oraciones incorrectas, sino mejorables. ¿Os animáis a escribir lo mismo sin usar las «palabras comodín»? ¡Venga, que podéis!

  • El otro día me preguntaron qué hacía. ¡Cómo me molesta que se metan en mis cosas!
  • No quería estar en ese lugar, pero era mi obligación estarlo.
  • En esta cueva podemos ver pinturas que se hicieron hace miles de años.
  • Me dijo que estaba equivocado y que no hiciera ninguna locura.
  • Tengo que ir a casa a recoger algunas cosas.
  • ¡No hagas que me enfade con tus cosas de niño pequeño!
  • No me gusta enseñar lo que escribo porque pienso que está mal.
  • Esta situación es demasiado embarazosa, pero podré sobrellevarla si hago el esfuerzo.
  • Aquí no están las pruebas que buscas.
  • En el castillo había un pequeño vampiro que estaba triste porque no podía hacerse murciélago.
  • Las oraciones me parecen una chorrada, pero hacerlas me servirá para no fallar más en estas cosas.

NOTA ADICIONAL IMPORTANTE: reducir las «palabras comodín» para expresarnos mejor es un ejercicio que debe practicar el narrador. Resulta muy importante para textos no literarios, pero en las novelas, los personajes no tienen ni deben evitarlas si no son cultos. Recuerda que los personajes representan diferentes realidades y, por tanto, se expresarán como los hablantes. Piensa, ¿tú hablas evitando estas palabras? No, ¿verdad? Pues tus personajes tampoco. ¡Solo aplica al NARRADOR!

Si te ha gustado esta entrada y te ha resultado de utilidad, no olvides compartirla y aplicar lo que has aprendido. Aunque si no deseas estar tan pendiente de estos aspectos o necesitas que alguien revise tus textos, ya sabes que puedes contactarme para informarte sin compromiso sobre mis servicios de corrección.

¡Nos seguimos leyendo y muy felices letras!

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