Un gato en tu vida (¡Feliz día del gato!)

Hoy os traigo una entrada especial. En ella no vamos a tratar ningún tema de escritura o de ilustración, sino que va directa al espacio personal.
Como muchos sabréis, hoy es el día del gato y qué mejor que hablar de mi experiencia gatuna en estos casi cinco meses que llevo conviviendo con Áureo, mi gatete.

Reconozco que, hasta hace bien poco, no sabía ni conocía nada sobre los gatos. Bueno, alguna idea preconcebida sí tenía. En mi familia, solo dos de mis tías tenían gato y con ambos había tenido experiencias contradictorias. La primera con una gata un poco arisca que, si bien he de reconocer que su comportamiento tenía unos motivos, nunca me hizo mucha gracia por lo poco cariñosa que era. El segundo, todo lo contrario. Un gato al que  hace años tuve que cuidar durante dos semanas y era simpático y muy sociable. A la gata no la he visto desde hace años y al gato sí que le he visto cada cierto tiempo, pero he de decir que no le cogía en brazos ni nada por el estilo. Esto puede ser debido a que me han enseñado desde pequeña que los gatos son peligrosos si se enfadan y que las uñas que tienen pueden hacer mucho daño. Así que yo siempre les he observado desde la distancia. Incluso a los gatos de mi amiga, que son dos soles, siempre les he tratado con respeto. Les he acercado la mano y, si ellos se frotaban, les acariciaba la cabeza y listo.

A pesar de que nunca antes me había cuestionado tener un gato porque, ya tenía a mi perra y era muy feliz con ella, internet hace verdaderos estragos en la mente de las personas (sobre todo en sus deseos). Desde siempre he sido amante de los animales y, lógicamente, por este motivo sigo a muchas páginas donde publican curiosidades, fotos y un largo etcétera sobre ellos. Así pues, todos los días en el muro de mis redes sociales me aparecían gatos. Gatos jugando, gatos saltando, gatos tiernos, gatos preciosos con pelajes alucinantes y poco a poco me fui interesando por ellos. Al final, no me parecía tan mala idea tener uno, después de todo, y vivir la experiencia de convivir con él más allá de dos semanas. A mi hermana le ocurrió lo mismo, pero ella es mucho más impulsiva que yo, así que se lanzó a la búsqueda de un gatito. Cuando una de mis tías nos enseñó que habían encontrado una gatita fue aliciente suficiente para que mi hermana se decidiera por completo y bueno, el resto de la historia, ya la conocéis porque, he hablado de ello en otro post.

Desde el momento en el que mi amigo nos trajo a Áureo en su cunita, supe que nuestra vida iba a cambiar. Acostumbrada a la bonachona de mi perra, a la que entiendo perfectamente y sé lo que quiere en cada momento, el gato se revelaba ante mí como un misterio. Las primeras semanas las pasó encerrado en mi habitación por la perra, pero poco a poco su adaptación se fue dando hasta que han logrado convivir prácticamente sin roces hoy en día. Áureo, que está a punto de cumplir siete meses, tiene una personalidad especial, como cualquier gato y me ha hecho comprender que lo que necesitan estos animales es espacio y confianza. Es un pequeño terremoto capaz de poner la casa patas arriba, pero tiene un comportamiento sociable y cariñoso (aunque a su manera). No le gusta ponerse en el regazo de nadie, pero siempre le tendrás cerca. Ya sea tumbado en el escritorio a tu lado, en el respaldo del sillón sobre tu cabeza o en la cama, siempre estará ahí. Le gustan las personas y cuando han venido visitas no se ha escondido ni ha mostrado signos de estrés. Es más, le encanta pasearse y ver lo que ocurre a su alrededor.
Con la perra se lleva de maravilla. Paso a paso, cada vez duermen más juntos. Se provocan para jugar y se respetan. Ella, que ya tiene nueve años, podría parecer que ya no tiene ganas de muchos trotes, pero Áureo la ha rejuvenecido.

En cuanto a nosotros, mi madre no quería gatos por temor a la perra, aunque le hacían gracia. Hoy en día, se lo pasa pipa con él. A mi padre no le gustaban los gatos. No había tenido buenas experiencias y, en definitiva, no quería uno en casa. Se enfadó mucho cuando trajimos a Áureo, pero se le pasó en seguida. Hoy en día, le pasa como a mi madre. Se ríe mucho con él cuando le da el venazo loco y se pone a correr por toda la casa como si no hubiera un mañana o cuando juega con la pelota. Además, tanto él como nosotras estamos sorprendidos de su comportamiento. Es cierto que jugamos con él para que no se aburra y que, con la perra, no se atreve a hacer muchas cosas, pero no sube por las cortinas, ni araña los muebles. Sé que hay otros gatos que lo hacen, pero este nos ha demostrado que son animales muy inteligentes que aprenden observándonos.

Al final, solo puedo resumir mi experiencia como muy gratificante. Áureo ha dado luz a todos con su personalidad y sus ojos cobrizos. He de agradecer la insistencia de mi amiga Ana para que nos animáramos a tener un gato y a Fran, sobre todo, por traerlo. Recomendaría a todo el mundo adoptar a un gato. Ellos saben hacerse querer y nos quitan los agobios del día a día con su presencia. Al contrario de lo que pueda parecer, ha sido una terapia maravillosa para mi perra, para que se entretenga y vuelva a ser “joven”.
Además, uno de los grandes errores que cometí con mi perra (y que reconozco) es el creer a la “sabiduría popular” que afirmaba que los perros podían comer de todo, por lo que no me preocupé en exceso por el tipo de pienso que comía. Por el contrario, como de gatos no sabía nada, empecé a indagar por foros y a informarme. Descubrí datos muy valiosos sobre piensos y diferentes calidades en la comida que le damos a nuestras mascotas. Así que no solo opté por procurarle una buena alimentación al gato, sino que también comencé a hacerlo con la perra. Hemos tenido algún que otro episodio de gastroenteritis hasta que se ha acostumbrado al nuevo pienso y a las nueva comida húmeda, pero ahora, está perfecta e incluso ha adelgazado (que falta le hacía).
Áureo no solo ha revolucionado la casa, también nuestro conocimiento y forma de pensar y actuar.

Si estás leyendo esto y aun no tenías muy claro si adoptar uno o no hacerlo, te animo encarecidamente a que lo hagas.
A aquellos que ya tengáis uno os deseo un muy feliz día del gato y que disfrutéis durante mucho tiempo de estos misteriosos, curiosos y adorables compañeros. Cada vez somos más en el club gatuno y este precioso animalito ya no se ve como un callejero, sino como un compañero de vida.

icb7kfi

2 Comments on “Un gato en tu vida (¡Feliz día del gato!)

  1. Qué bonito post!
    A mi me pasaba lo contrario, me moría de ganas desde hacía años por tener gato, y como he estado viviendo en distintas ciudades y países, no podía compremeterme hasta “asentarme un poco”, cuando por fin me lancé a por Merlín pensé que sería el único gatito que tendría, porque en ese momento vivía con mi padre en una finca grande con perros y se lo pasaba pipa, pero al mudarme a un piso me daba mucho miedo que se aburriera y se sintiera solito, así que llegó Vera enseguida…. y bueno es que se llevan aun mejor de lo que habría cabido esperar.
    Son las mejores decisiones que he tomado, a pesar de que me hayan dicho muchas personas que vaya follón me traigo con dos gatos en casa… a mi me alegran los días y sus trastadas me mantienen activa..
    y es que se les quiere taaaaaaaaaaaanto… no se tú, pero yo a los míos les doy besos hasta que se hartan y se van de la habitación…
    jajaja

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    • ¡Gracias, Meri! La verdad es que te cambian la vida totalmente, aunque parezca que no. Son los pequeños detalles los que nos hacen crecer como personas y por ellos nos preocupamos, nos informamos y aprendemos cada día. Creo que nos hacen ser mejores en todos los aspectos. Tanto los gatitos como los perros.

      Y claro que le doy besos jajajaja Fíjate que yo pensaba que a los gatos los besos no les gustaban y al principio lo hacía con cierto temor por si me lanzaba un capón, pero no jajajaja El tío se deja besuquear todo lo que quieras… ¡o hasta que se cansa como bien dices! jajaja

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