Crear un ambiente para tu relato.

Una vez que sabemos cómo diseñar nuestros personajes para nuestros relatos e historias, tenemos que trabajar el ambiente. Recordemos que una historia o relato se corresponde con una sucesión de hechos que les ocurren a unos personajes en un entorno determinado y que son contados por un narrador. De esta manera, como ya tenemos los personajes que queremos, seguramente, también hayamos pensado o tengamos una ligera idea del lugar en el que se desarrollarán sus aventuras (o desventuras).

Ambientar un relato no es tan sencillo como, en principio, pudiera parecer. Tampoco es complicado pero, requiere un poco de trabajo extra por parte del escritor. Debemos ser conscientes de que contextualizar correctamente el argumento de nuestra historia será una de las claves que nos lleven al éxito. Si recuerdas lo que hablamos en “Creación de personajes II”, para que un lector se implique con un personaje, o historia en este caso, tiene que sentirla verdadera, es decir, hay que conseguir que nuestro relato sea verosímil.
La definición que nos da la RAE sobre esta palabra, esclarece un poco más el objetivo que debemos marcarnos a la hora de crear nuestra historia:

Verosímil
1. adj.
Que tiene apariencia de verdadero.
2. adj.
Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.

Así pues, el contexto de un relato está compuesto por la época o tiempo en el que se desarrollan los hechos y el lugar (tiempo y espacio) y la sociedad del momento.

Existen varias maneras de crear el contexto ideal para tu historia, pero yo te daré los tres pasos más importantes: selección, información y descripción.

Lo primero y fundamental, antes de ponernos a escribir, es saber en qué época se desarrollaremos nuestro cuento, relato, novela, etc. No es lo mismo una novela de temática medieval que una con ambiente futurista. Por eso mismo, debemos tener bien claro cuándo queremos que se desarrolle nuestra historia, ya que los elementos que en ella aparezcan deben ser acordes a su época.
Indudablemente, si se trata de un relato fantástico de viajes en el tiempo o en el que haya una brecha entre dos mundos paralelos que conviven en aparente armonía (véase el caso de la saga de Harry Potter, en cuyas novelas conviven el mundo mágico con el cotidiano), se podrán integrar elementos de épocas distintas, siempre y cuando los relacionemos de manera adecuada en el argumento o su aparición tenga un sentido relevante para el mismo.
Es decir, que aparezca un coche porque sí, en un entorno grecolatino sin ninguna otra función, es incoherente, inverosímil y, (sobra decirlo pero, se han visto casos), demuestra una visión muy infantil del mundo que nos rodea. Este tipo de inclusiones son comunes en los niños cuando comienzan a aprender a expresar sus ideas, sin embargo, con la edad, vamos adquiriendo la capacidad de organizar estas ideas y de argumentarlas en un orden correcto y coherente. No sirve la excusa de estar escribiendo literatura infantil para permitirse ciertas licencias, en este aspecto. Los niños, al igual que los adultos, necesitan que el texto o aquello que se les está contando tenga coherencia para poderlo comprender y por ello, la buena literatura infantil lleva a rajatabla el desarrollo de una buena ambientación.

Entonces, una vez decidido el marco temporal, es muy, muy importante que leas o que investigues un poco sobre él y sobre la sociedad del momento. Primero, porque te vendrá bien conocer las costumbres de aquella época y eso te ayudará a ambientar y justificar las acciones y la personalidad de tu personaje. Segundo, existe vocabulario específico para describir todo aquello que forme parte de esa etapa. Aunque, la temática sea fantástica y te inventes novedosos nombres para nuevas realidades, siempre tiene que haber un hilo conductor que enlace la nueva realidad que estás creando con la ya existente. Así, los lectores percibirán tu historia como verdadera y se implicarán en ella.
Además, tendrás que informarte sobre los lugares que vas a utilizar en tu historia y por ello, te comenté que hacía falta un poco de trabajo extra por parte del escritor. Me explico: lee sobre todos aquellos sitios que creas que van a aparecer en tu relato. Un castillo, un bosque, una montaña, características de las ciudades… Parecerá una tontería pero, créeme, se nota mucho cuando un escritor no se esfuerza y escribe por escribir sin tener ni idea de cómo son los lugares que está describiendo. Lo mismo ocurre si el argumento no sale de una casa. Tendrás que conocer cómo se llaman los elementos que podemos encontrar en un domicilio para enriquecer la historia. Si no, ¿cómo esperas que tu relato no resulte infantil y poco trabajado?

Por último, después de haber seleccionado la época y los lugares y haber investigado sobre ellos y la sociedad de aquel entonces, queda la propia descripción de los mismos. Aquí hay varias posibilidades y tú y solo tú deberás decidir cuál es tu estilo y cuál es la forma que más te convence para realizarla.
Existen obras muy descriptivas y otras en las que la descripción no es tan relevante y se centran en la acción (narración). Para elegir si quieres extenderte más o menos en descripciones tienes que tener en cuenta lo siguiente:
Un relato muy descriptivo se enlentece mucho. La descripción se basa en la imagen, en lo estático, aquello que se puede ver o percibir. Por ello, cuando describimos, el relato se “detiene” para mostrar una realidad determinada. Con esto, conseguimos dar belleza al texto pero, corremos el riesgo de que el lector se aburra si nos extendemos demasiado.
Es cierto que grandes obras de nuestra literatura como La Regenta de Clarín utilizan esta técnica, en parte porque, en su época, era una de las características del movimiento realista y del naturalismo pero, al ajetreado lector de hoy en día es probable que esta fórmula de descripción excesiva no le convenza.

De todos modos, la falta de descripción empobrece mucho el texto. Por poner un ejemplo, un tipo de estos textos pueden ser los cuentos. Los cuentos, no se detienen mucho en descripciones porque buscan ser breves y concisos. La descripción siempre es necesaria  y aparecerá pero, de forma fugaz para dar luz a los aspectos más importantes. El peso, realmente, lo lleva la narración y por eso, en los cuentos, no vemos escenas detalladas ni personajes muy desarrollados. Aunque, tal y como estarás pensando, si cumplen con la coherencia de la que hemos hablado anteriormente.

Por todo esto y, dependiendo el tipo de escritor que seas (si te dedicas a los cuentos, al relato, a la novela, etc.), tendrás que decidir cuánta importancia das a la descripción en tus escritos. Particularmente, a mi me gusta equilibrar la narración y la descripción en mis textos, aunque he de reconocer que tengo debilidad por la descripción y suelo darle bastante importancia a la hora de detallar a los personajes.
Sea cual fuere tu caso y tu decisión sobre este respecto, no olvides que debes crear un contexto acorde a tu historia, aunque lo desarrolles mínimamente. Los detalles más importantes deben aparecer siempre. Selecciona el lugar y el tiempo adecuados, aprende sobre ellos y la sociedad  y trabaja la descripción de una manera que te convenza.

Estoy segura de que, si sigues los pasosy consejos que aparecen en esta entrada, no tendrás ningún problema a la hora de ambientar tus relatos.

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2 Comments on “Crear un ambiente para tu relato.

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